El sistema electoral aragonés, con sus tres circunscripciones y un reparto de escaños que no es estrictamente proporcional a la población, otorga un peso desmedido a las provincias de Huesca y Teruel. En estas zonas, obtener el último diputado de la lista es una batalla de aritmética pura donde los restos de votos pueden cambiar el color del Gobierno regional. Los sondeos de las últimas cuatro semanas sugieren que el PP y el PSOE se repartirán el grueso, pero la supervivencia de los minoritarios que aspiran depende de los restos.
En Huesca, la disputa se centra en el desplome del regionalismo y de la izquierda alternativa. Con 18 escaños en juego, el Partido Popular parece estar en disposición de pescar en el caladero de votos que deja un PSOE en descomposición. Sin embargo, la fragmentación entre Sumar y Podemos pone en peligro que el bloque de la izquierda logre el último escaño por el Alto Aragón. Si ninguna de estas formaciones logra concentrar el voto progresista, ese diputado «barato» caerá directamente en manos de Jorge Azcón, acercándolo a la ansiada mayoría absoluta.
Teruel es, si cabe, un escenario todavía más volátil por la presencia de Teruel Existe. Aunque las encuestas muestran un desgaste de la formación de Tomás Guitarte, su resistencia en la provincia es vital para evitar un bipartidismo reforzado. Con solo 14 diputados, el sistema D’Hondt castiga severamente a quien no llega a la cabeza. Si Teruel Existe cae por debajo de sus expectativas, el beneficio no será para el PSOE, sino para un Vox que está demostrando una penetración rural mucho más profunda de lo que la izquierda quería admitir.
En una circunscripción pequeña, un puñado de votos desviados hacia plataformas minoritarias no se traduce en escaños para ellos, pero sí resta al partido más votado la posibilidad de sumar ese último representante. Esto obliga a Azcón a realizar una campaña muy territorializada, centrada en convencer al votante rural de que dividir el voto es, en la práctica, dar una oportunidad de supervivencia a Pilar Alegría.
Para el PSOE, la estrategia en Huesca y Teruel es de pura resistencia. Conscientes de que el viento sopla de cara para el PP y VOX, los socialistas confían en que su estructura territorial, todavía muy sólida en el ámbito municipal, les permita salvar los muebles. Su esperanza radica en que la división de la derecha en tres (PP, Vox y lo que quede del PAR) les permita entrar en el reparto de restos por la mínima. Es una táctica defensiva que revela la debilidad actual de un proyecto que ha perdido el centro político aragonés.
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