Joan Tardà sigue en su papel de puente ideológico en el nuevo tablero político catalán. A través de una columna en El Periódico, el histórico dirigente de Esquerra Republicana ha defendido con entusiasmo la alianza con el PSC, calificándola de «compromiso histórico». Para Tardà, la entente entre federalistas y separatistas no debe ser un simple apaño táctico para mantener a Salvador Illa en la Generalitat, sino una estrategia de largo recorrido para el autogobierno.
El veterano político separatista admite sin ambages que este acercamiento escuece en ambos bandos. Reconoce que al socialismo más «españolista» le incomoda pactar con el independentismo, mientras que en las filas de ERC todavía hay sectores «de la ceba» que ven la foto con el PSC como una traición. Sin embargo, Tardà saca pecho de los resultados obtenidos hasta ahora, citando la nueva financiación, la gestión de Rodalies o el impulso al catalán como pruebas de que el acuerdo funciona.
Lo que realmente preocupa al ex diputado es que el punto estrella del pacto de investidura siga cogiendo polvo en un cajón. Se trata de la «Convención Nacional para la Resolución del Conflicte», un órgano que debería reunir a los grupos parlamentarios para debatir el futuro político de Cataluña. Tardà advierte que, rozando ya el ecuador de la legislatura, es injustificable que no se haya avanzado ni un milímetro en esta mesa de diálogo interna.
El análisis de Tardà destila un esfuerzo notable por repartir culpas y, de paso, limpiar la imagen de su partido. Habla de superar «fracturas emocionales», equiparando la represión del Estado con el dolor causado por la unilateralidad del independentismo. Es un ejercicio de equilibrismo político que busca legitimar el giro pragmático de Esquerra, alejándola definitivamente de la vía rupturista para abrazar una especie de pactismo neopujolista bajo paraguas socialista.
Para el republicano, la solución a lo que cree que es un «conflicto» solo llegará si se interpela a toda la sociedad catalana, sin vetos ni exclusiones. Insiste en que no se puede construir nada sólido si se ignoran socialistas y republicanos. Por ello, urge a PSC y ERC a que abandonen los recelos mutuos y se atrevan a abrir el melón de la reforma estatutaria o una eventual ley de claridad en el marco de esa Convención.
Un punto especialmente llamativo de su tesis es el desprecio hacia la postura de Junts. Tardà resta importancia a que el partido de Carles Puigdemont decida no participar en estos foros. Pone como ejemplo el éxito del Pacto Nacional por la Lengua – un acuerdo totalitario para arrinconar al español como lengua de uso social en Cataluña – o el acuerdo sobre financiación – injusto para las comunidades autónomas menos pudientes -, logrados supuestamente a pesar del bloqueo de los «juntaires». Para Tardà, la locomotora de la izquierda debe avanzar aunque Junts se quede en el andén.
Desde una óptica crítica, este «frente común» que propone Tardà no deja de ser una forma de blindar la hegemonía del PSC a cambio de concesiones competenciales que contenten a ERC y al separatismo más radical. Es la institucionalización de un bloque de izquierdas que busca perpetuarse en el poder, utilizando el autogobierno como moneda de cambio, y excluyendo a los catalanes que votan a PP y VOX.
Tardà también desliza la importancia de la recaudación del IRPF como pieza clave para los presupuestos catalanes. Es el recordatorio de que el apoyo de ERC no es gratis y que los republicanos necesitan victorias tangibles para justificar su papel de socio preferente ante una base electoral desconcertada. La presión sobre Illa es evidente: o hay avances en la soberanía fiscal y política, o el «idilio» podría truncarse.
Resulta curioso ver a un perfil tan combativo como el de Tardà asumiendo ahora el lenguaje de la «moderación» y el «consenso». Parece que el objetivo primordial es evitar a toda costa una repetición electoral que podría ser catastrófica para su formación. La Convención Nacional se presenta así como el juguete necesario para mantener viva la retórica del «conflicto» mientras se gestiona la autonomía con comodidad.
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