La luna de miel entre Salvador Illa y Esquerra Republicana parece haber descarrilado definitivamente en las vías de Rodalies. El caos ferroviario de la última semana no solo ha desquiciado a miles de usuarios, sino que ha abierto una brecha política profunda. Lo que comenzó como un acuerdo de investidura pragmático se está transformando en un cruce de reproches por la gestión de la red.
El modelo de traspaso diseñado por socialistas y republicanos ha quedado en entredicho antes incluso de aplicarse plenamente. ERC se ve ahora atrapada en la defensa de un pacto que Junts tacha de insuficiente y engañoso. Los republicanos temen que su papel como socios del PSC les pase factura electoral ante la evidente degradación del servicio ferroviario.
Para el PSC, la situación es un campo de minas donde debe elegir entre proteger al Gobierno de Madrid o satisfacer a sus socios en Barcelona. Salvador Illa intenta proyectar una imagen de gestor solvente, pero la realidad de las averías constantes desmiente su discurso de eficacia. La presión de Esquerra, que necesita gesticular para no parecer absorbida por el oficialismo socialista, complica cada vez más la estabilidad.
Junts ha sabido leer este momento de debilidad para meter el dedo en la llaga de la coalición de facto. Al exigir responsabilidades penales, los posconvergentes obligan a ERC a decidir si se sitúa junto al Govern o se suma a la crítica feroz. Esta pinza parlamentaria está dejando a los republicanos en una posición irrelevante y sumisa frente al poder de Moncloa.
ERC sabe que si no logra avances tangibles en el control de las infraestructuras, su acuerdo con el PSC será visto como una rendición. Mientras tanto, el socialismo catalán confía en que el tiempo y los ceses técnicos calmen unas aguas que bajan más revueltas que nunca.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















