Parece todo más fácil a la hora de expresar el sentimiento y lo que se desea, en referencia a una determinada persona, cuando el destinatario es un personaje como el actual ministro de Transportes o, por poner otro ejemplo muy evidente, si se tratase del despreciable e impresentable que todavía reside en la Moncloa. Hemos de partir de la base de que se trata de dos grandes prodigios de la política que suman amigos y afines por dónde pasan o escuchan sus sermones tergiversadores. Su saber hacer, compromiso y profesionalidad les avala, solo pudiendo estar a la altura denigrante del camarada Zapatero y sus “chavistadas”.
Ir, o escribir en este caso, a favor de obra tiene todo su sentido cuando el objetivo es, por focalizar en uno de “los miserables”, el escurridizo Óscar Puente. Un político que ha confundido los tiempos ante las cámaras, en sus numerosas entrevistas manipuladoras para contar sus milongas y películas, con la necesaria calidad informativa y la veracidad exigida por la sociedad española.
El pucelano no debería de tener ninguna duda de que, salvando los que han de hacerle la ola por su vínculo con el sanchismo y toda la calaña que sostiene a esa facción extremista, la inmensa mayoría de la ciudadanía sospecha de su total responsabilidad a la hora de verlo como el gran culpable de la dejadez en el cuidado de una red ferroviaria que no para de darnos disgustos. Siendo el ministro del ramo es el máximo responsable y debería asumir su culpabilidad responsable. Pero, por el contrario, podemos apostar por la posible salida y destitución de cargos de menor rango que intenten exculpar al ministro y dar la sensación de que se ha cumplido con la limpieza necesaria. Otro previsible bochorno fruto del apego al poder de los ególatras sanchistas, manteniéndose sea como sea y cueste lo que cueste. Sin duda, la experiencia y el ejemplo de resistencia del “número uno” le sirve y respalda en su anclaje.
El actual gobierno es capaz de gobernar sin presupuestos y de priorizar los gastos e inversiones del Estado bajo una lógica basada en la vanidad y la necesidad, cuidando a los que le sostienen a base de concesiones humillantes, en lugar de, por ejemplo, cuidar y renovar la infraestructura ferroviaria. Y, en un intento por seguir manipulando y mintiendo al público, también a sus propios votantes que tras todo el aluvión de corrupción que les invade ya deberían tener la mosca detrás de la oreja, se enrocan al buscar tres pies al gato para no reconocer que la red que nos catapultó al estrellato en la Alta Velocidad mundial, además de montarla y ampliar su velocidad -como nos vendió hace nada el ministro que ya debería haber dimitido-, también hay que preocuparse por su mantenimiento y renovación.
A tenor de todo lo visto ya sobran argumentos, realidades y contabilidad de víctimas y heridos para ver el tuit de despedida de semejante impresentable.
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