Aunque uno de los mantras más populares del separatismo dice «12 de octubre, nada que celebrar», millones de catalanes sí que nos alegramos de que llegue nuestra Fiesta Nacional, la que nos une a todos los españoles y nos hermana con nuestros hermanos latinoamericanos, con los que tenemos unos lazos afectivos y culturales que ni Aragonès, ni Puigdemont, ni sus respectivas bandas, podrán diluir. Es la auténtica Fiesta Nacional de Cataluña, porque Cataluña es España.
Es tradicional que algunos ayuntamientos catalanes, en manos de los separatistas, obliguen a sus funcionarios a abrir sus puertas el 12 de octubre, para hacer ver que su municipio «no es España» y por lo tanto no tienen nada que celebrar ese día. No les importa faltar al respeto a sus vecinos que sienten la Fiesta Nacional como propia, así que a nosotros tampoco nos importa definirlos como lo que son: unos fanáticos supremacistas que desprecian todo lo español porque se sienten superiores.
No importa, al totalitarismo supremacista se le vence con democracia, y democráticamente acabaremos venciendo a los fanáticos que nos insultan cada día al utilizar las administraciones públicas que son de todos los ciudadanos como herramientas políticas a su exclusivo servicio.
Pero el 12 de octubre es día de alegría y festejo, olvidemos por unas horas a los aprendices de dictadores y centrémonos en brindar por nuestro país, nuestro Rey y, siempre, por una Cataluña leal a España y que trabaje codo con codo con el resto de compatriotas para que sea mejor, más próspera y más justa. De ahí la necesidad de apoyar todos los actos que la entidad constitucionalista Espanya i Catalans prepara para ese día en Barcelona.
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