La sanidad catalana está afrontando una situación de emergencia ante el aumento descontrolado de la gripe. Los datos son contundentes: la incidencia se ha disparado hasta afectar a 308 personas por cada 100.000 habitantes, lo que supone multiplicar los casos por 2,5 en tan solo una semana.
Según el Sistema de Información para la Vigilancia de Infecciones en Cataluña (SIVIC), la transmisión ha alcanzado el nivel de «muy alto». Si se suman las estimaciones microbiológicas a los diagnósticos de los Centros de Atención Primaria (CAP), la cifra asciende hasta los preocupantes 418 casos.
Se trata de la peor temporada de gripe de los últimos 15 años. Este incremento desorbitado y prematuro se atribuye a la variante K del virus, que se ha demostrado más contagiosa y, un factor clave, más difícil de contener incluso con la vacuna. Ante esta situación crítica, el Govern se ha visto forzado a tomar medidas drásticas. Este martes se ha anunciado la recuperación del uso obligatorio de la mascarilla en los espacios sanitarios y de atención a mayores.
La obligatoriedad se aplicará en hospitales, centros de salud y residencias de ancianos, lugares de especial riesgo para los colectivos más vulnerables de la población. Se trata de un recurso de última hora que evidencia la incapacidad de la Generalitat para anticiparse a la crisis.
La portavoz del Govern, Sílvia Paneque, ha intentado justificar la medida. Tras la reunión semanal, la consejera ha apelado a la «responsabilidad» de los ciudadanos, pidiendo que se siga la norma de forma «estricta». El Ejecutivo catalán, en lugar de reforzar los recursos sanitarios, opta por la vieja fórmula de la restricción y el llamamiento al ciudadano. Paneque ha recordado que la mascarilla sirvió durante la pandemia de COVID-19 y que es una opción preventiva importante contra la gripe.
La realidad, sin embargo, es que el sistema de salud público catalán vuelve a mostrar sus debilidades, al borde del colapso en atención primaria. La rápida propagación de esta variante gripal ha pillado al Govern con el pie cambiado. Esta medida, aunque necesaria en el contexto actual, subraya la falta de inversión y previsión en la sanidad de Cataluña, obligando a los ciudadanos a readaptarse a las restricciones en plenas festividades.
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