La politización del espacio público en Cataluña es un problema persistente. Edificios públicos como ayuntamientos, centros culturales o escuelas o espacios públicos como rotondas, parques o plazas se han convertido en escaparates para la causa secesionista acogiendo pancartas con mensajes separatistas o símbolos como esteladas. Es una práctica que excluye a la gran mayoría de ciudadanos no separatistas.
Estos lugares son de todos los vecinos, sin distinción de ideología. Por ello, la presencia de símbolos partidistas, como la ‘estelada’, vulnera el principio de neutralidad. La administración debe garantizar que cualquier ciudadano, piense lo que piense, se sienta cómodo en un edificio público. Como no ocurre de ahí la importancia que ciudadanos constitucionalistas se hayan organizado para retirarlos, como los que forman parte de Unión de Brigadas.
El PSOE y su partido hermano en Cataluña, el PSC, no han sido firmes en la defensa de esta neutralidad. Su estrategia es de mirar hacia otro lado, permitiendo que el nacionalismo siga marcando la pauta en la calle. Es una postura que solo beneficia a los secesionistas. La complicidad del Gobierno central es inexplicable. Debería liderar la defensa de un espacio público libre de propaganda. Y no es así.
Es urgente retirar de los edificios públicos los símbolos que no representan al conjunto de la ciudadanía, de ahí la importancia de recientes triunfos en este campo conseguidos por la entidad Impulso Ciudadano. Esto incluye banderas no oficiales y cualquier otro elemento de carácter sectario. Las bibliotecas, por ejemplo, deben ser centros de cultura y encuentro, no sedes del separatismo.
La Ley es clara en la defensa de la neutralidad institucional. Los ayuntamientos deben dejar de actuar como comités de propaganda del movimiento separatista. La obligación de los políticos es servir a todos, no solo a los que comparten su ideario
La estrategia del secesionismo pasa por copar visualmente el espacio. Es una forma de presión simbólica sobre los catalanes que se sienten españoles. El Gobierno de Pedro Sánchez debería tomar medidas activas y contundentes contra este abuso.
El espacio público catalán tiene que ser devuelto a la pluralidad. La bandera oficial, la de todos, es la única que debe ondear en los edificios institucionales. Es una cuestión de higiene democrática y respeto. Solo así se podrá empezar a restaurar la convivencia real en Cataluña. La neutralidad es el primer paso para terminar con la constante confrontación política que promueve el separatismo.
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















