En esa pared no había una opinión, ni una crítica, ni una reivindicación legítima. Había un insulto , que no aportaba nada salvo odio, degradación y miseria moral.
No es libertad de expresión: es una agresión verbal gratuita dirigida a provocar, ofender y ensuciar el espacio… pic.twitter.com/MToOkfymDK— 🤝ASOCIACIÓN🇪🇸 UNIÓN DE BRIGADAS🇪🇸 (@uniondebrigadas) January 12, 2026
En una sociedad marcada por la polarización y el uso partidista de las instituciones, la labor de colectivos civiles como Unión de Brigadas supone un soplo de aire fresco para la democracia. Frente a la pasividad de una administración a menudo complaciente con el simbolismo excluyente, estos ciudadanos han asumido una tarea que, por higiene democrática, debería corresponder a los poderes públicos: la preservación de la neutralidad en nuestras calles.
El espacio público es, por definición, de todos. Sin embargo, durante años hemos asistido en Cataluña a una colonización ideológica de plazas, fachadas y mobiliario urbano por parte de opciones políticas muy concretas, a menudo con la complicidad silenciosa de ayuntamientos y del Gobierno autonómico. Unión de Brigadas nace de la necesidad de revertir esta anomalía, actuando allí donde la izquierda y el separatismo han preferido mirar hacia otro lado o, peor aún, fomentar el desequilibrio.
La labor de estos voluntarios es puramente reactiva y defensiva. No se trata de imponer una ideología contraria, sino de restaurar el «punto cero» de la convivencia. Al retirar simbología partidista de los espacios comunes, este colectivo devuelve la voz a la mayoría silenciosa que no desea vivir en un mitin permanente. Su actividad es un ejercicio de libertad ciudadana frente al rodillo de quienes confunden lo público con lo propio.
Es lamentable que la seguridad y el orden público, competencias que recaen en el Ministerio del Interior y la Generalitat, no hayan garantizado esta neutralidad de oficio. La falta de voluntad política para aplicar las sentencias judiciales que obligan a mantener los edificios y espacios públicos libres de proclamas ideológicas ha forzado la organización de la sociedad civil. Unión de Brigadas llena el vacío dejado por un Estado que, en Cataluña, parece haber dimitido de sus funciones básicas.
El tono de crítica que a menudo reciben estos grupos por parte de ciertos sectores mediáticos de izquierda y del separatismo resulta profundamente hipócrita. Se les acusa de generar tensión, cuando la verdadera tensión la provoca quien decide apropiarse de una farola o un balcón consistorial para colocar un mensaje que no representa a la totalidad de la ciudadanía. La labor de limpieza de estas brigadas es, en realidad, un acto de pacificación del entorno visual.
La eficacia de Unión de Brigadas ha puesto en evidencia la debilidad del relato gubernamental. Si unos pocos ciudadanos pueden organizar la limpieza de espacios degradados por la propaganda, ¿por qué los servicios municipales no actúan con la misma diligencia? La respuesta es puramente política: la izquierda prefiere un espacio público politizado que le sea favorable antes que un espacio neutro que garantice la convivencia de todos.
La labor de este colectivo también tiene una vertiente pedagógica. Han recordado a la ciudadanía que los derechos se defienden ejerciéndolos. Su presencia constante en el territorio ha servido para que muchos catalanes pierdan el miedo y entiendan que el respeto a la ley y a las instituciones comienza por el respeto a lo que es común. La neutralidad no es una opción estética, es un requisito legal y democrático indispensable.
Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez sigue haciendo equilibrios con sus socios separatistas para mantenerse en el poder, sacrificando a menudo la igualdad de los españoles ante la ley, iniciativas como Unión de Brigadas nos devuelven la fe en la responsabilidad individual. Son el recordatorio de que la libertad no se negocia en despachos a puerta cerrada, sino que se defiende cada día en la calle, con firmeza y dentro del marco constitucional.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















