Un nuevo episodio de violencia machista y delincuencia ha vuelto a golpear a Cataluña este fin de semana. Ocurrió en la localidad ilerdense de Alpicat, en la comarca del Segrià, en pleno marco de sus fiestas mayores. La tranquilidad del municipio se vio truncada por un ataque que vuelve a poner sobre la mesa el grave problema de seguridad que sufren nuestras calles.
Tres individuos de origen magrebí abordaron a una joven en una vía apartada de la zona donde se concentraban las celebraciones patronales. Los asaltantes, según ha trascendido de fuentes policiales, no dudaron en amenazar a la víctima con una navaja para someterla por completo y agredirla sexualmente. El pánico impidió a la mujer cualquier tipo de reacción defensiva ante la agresividad exhibida por los delincuentes.
El suceso no se limitó a un mero delito contra la propiedad privada. Tras arrebatarle sus pertenencias bajo la amenaza del arma blanca, los tres varones fueron más allá. Los asaltantes aprovecharon el estado de indefensión de la víctima para realizarle tocamientos en sus partes íntimas contra su voluntad.
Este lamentable ataque evidencia una vez más el deterioro de la convivencia en muchos espacios públicos durante las fiestas locales. La impunidad con la que actúan ciertos perfiles delictivos refleja el fracaso de las políticas de prevención de la izquierda. Se insiste en discursos buenistas mientras los ciudadanos sufren las consecuencias directas de la falta de autoridad en la calle.
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