
Hace ahora noventa años, un aterrador baile de sangre se impuso en la retaguardia de la Cataluña presidida por Lluís Companys. Y lo sorprendente es que, mientras aquí se recuerda con insistencia lo terrible que fue la represión franquista, se suele ocultar sistemáticamente la terrible violencia ejercida por parte del Front Popular en la retaguardia.
¿Sabían que en la Cataluña republicana presidida por Lluís Companys (entre 1936 y 1939) las muertes causadas por la represión del Front Popular fueron, según Paul Preston (nada sospechoso de ser profranquista), 8.352 personas, el doble de las producidas por la posterior represión franquista?
¿Sabían que en Cataluña fueron asesinados 4 obispos (Salvio Huix, Manuel Borràs, Manuel Irurita y Anselmo Polanco) y 2.437 religiosos (de estos, 76 monjas que fueron, en muchos casos, antes violadas)? ¿Y que se quemaron o devastaron más de 4.000 templos o edificios religiosos con sus respectivas y valiosas obras de arte, archivos y bibliotecas?
¿Sabían que en la Archidiócesis de Lérida fueron asesinados 270 clérigos y un obispo (un 65 % del total); en la de Tortosa, 316 religiosos (el 62 % del total), junto a Barbastro, los porcentajes más altos de toda España; en la de Tarragona fueron asesinados 141 (el 32,4 %), y en la de Barcelona, un total de 861 religiosos (277 sacerdotes, 537 religiosos de diversas órdenes y 46 religiosas, además del obispo Manuel Irurita), siendo en el resto de diócesis de Cataluña asesinados entre el 20 y el 30 % del total? ¿Y que, además, buena parte de estos asesinatos fueron acompañados de una crueldad extrema y, en el caso de las monjas, muchas de ellas, antes de ser asesinadas, fueron violadas?
¿Sabían que Joan García Oliver (natural de Reus, líder de la CNT-FAI, consejero de la Generalitat y ministro), en Radio Barcelona, arengaba a las masas diciendo: «¡Matad, destruid, incendiad! (…) ¡Hay que destruir la Iglesia!»; o que el vendrellense Andreu Nin (del POUM y conseller de Justicia de la Generalitat) dirá: «Hemos resuelto el problema de la Iglesia (…), hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto»? Todo por odio contra la fe, contra quien la suscita y contra quienes la profesaban públicamente.
Por centrarme solo en la provincia de Tarragona, ¿conocen ustedes los innumerables crímenes y las atrocidades que cometieron en la ciudad de Tarragona, entre julio de 1936 y mayo de 1937, las patrullas de la FAI y de las JJ. LL. comandadas por el siniestro Josep Racasens Oliva (El Sec de la Matinada) y por los cuatro hermanos Ferré Pla (germans Barres), todos ellos despiadados asesinos, que durante casi un año actuaron como los auténticos «dueños y señores» de la ciudad, siendo sus crímenes conocidos, tolerados y justificados por las autoridades y el resto de organizaciones del Front Popular?
¿Conocen ustedes las atrocidades y los más de 200 asesinatos cometidos por un tal Pasqual Fresquet Llopis, el sanguinario jefe de la autodenominada «Brigada de la Mort», compuesta por 40 milicianos de la CNT-FAI, que, envenenados de odio, llevaron durante el verano de 1936 el terror y la muerte a todas las poblaciones por las que pasaron (Gandesa, Falset, Bot, Flix, Ascó, Ribarroja, Batea, Caspe…), donde miembros de los Comitès Antifeixistes locales les facilitaban las listas con las personas a las que debían eliminar?
¿Conocen la multitud de crímenes cometidos por milicianos del Front Popular en Solivella, La Fatarella, Vilalba dels Arcs, Reus, Tortosa, El Vendrell, Valls, Calafell, Horta, Montblanc, Vila-rodona, Constantí… y en la práctica totalidad de pueblos de la provincia? ¿Sabían que el médico forense de Tarragona, el Dr. Josep Vives Salas, fue detenido la madrugada del 27 de julio en su casa y, cerca de la actual plaza Imperial Tarraco, maniatado, lo rociaron de gasolina y lo quemaron vivo?

¿Sabían que mossèn Josep M. Català Alsina fue asesinado en plena calle, en el centro de Reus, el 21 de julio de 1936 (siendo el primer asesinado en la retaguardia de nuestras comarcas), y que dos días después asesinaron a sangre fría a mossèn Lluís Janer delante de su casa, en la Pl. del Fòrum de Tarragona, y luego lo tiraron encima de unos escombros para que se lo llevara el carro de la basura?
¿Sabían que, después de un intento fallido de extorsión económica, asesinaron en un tiroteo al abogado Francesc Yxart y Moragas, que era secretario de la Junta de Obras del Puerto y había sido alcalde de Tarragona? ¿Sabían que al obispo auxiliar de Tarragona, D. Manuel Borràs Ferré (natural de La Canonja), prisionero en la cárcel de Montblanc junto al cardenal Vidal y Barraquer (al que Companys ordenó liberar), una patrulla de milicianos lo sacó de la prisión y, en el Coll de Lilla, lo asesinaron disparándole a quemarropa y, aún vivo, le prendieron fuego?
¿O que a Josep Escoda Llavería, comerciante de derechas de L’Ametlla, unos milicianos, cuando lo trasladaban de la estación de Tarragona a la prisión de Pilatos, al pasar por el Balcón del Mediterráneo, decidieron acabar con él por la vía rápida, despeñándolo por el mismo desde unos 25 m? ¿Sabían que un grupo de milicianos, la noche del 20 al 21 de julio, intentó volar el monumental arco romano de Bará, causándole importantes daños?
¿Sabían que al hermano de La Salle Manuel Barbal (San Jaime Hilario), el Tribunal Popular de Tarragona, compuesto por miembros de ERC, POUM, CNT, FAI, PSUC, UGT, ACR y UdR, lo condenó a muerte y lo fusilaron (de una forma increíble) en la montaña de la Oliva, «porque sabía latín y enseñaba religión a los niños», sin que el Govern de la Generalitat quisiera conmutarle la pena de muerte?
¿Sabían que en Tortosa, por citar otros de los muchos gángsters de organizaciones del Front Popular que pululaban por Cataluña, destacaron por su crueldad dos milicianos que encabezaban sendas patrullas armadas: Francesc Batista, de la CNT-FAI, y Joan Vilàs i Comí, «lo Xaparro», del PSUC, quien presumía de haber dado muerte a más de cuarenta «facciosos» y, fanfarroneando, gustaba públicamente de dar detalles de sus truculentos crímenes?
¿Saben algo sobre los sangrientos enfrentamientos entre las propias organizaciones del Front Popular, conocidos como «Fets de Maig de 1937», que produjeron, según datos oficiales de la Generalitat, al menos 400 muertos y más de 1.000 heridos?
¿Sabían que en Tarragona, además de la cárcel de Pilats, se habilitaron varios barcos como prisión, entre ellos el siniestro «Río Segre», que llegó a alojar simultáneamente a más de 250 prisioneros, que sobrevivían en condiciones infrahumanas, y que la gran mayoría de los que pasaron por allí acabaron siendo fusilados con el método de las denominadas «sacas»? Como ocurrió el 25 de agosto de 1936, en el que salieron del barco 4 sacas a lo largo del día con un total de 60 personas que serían asesinadas en diversos lugares de la comarca.
Por no hablar de las terribles «checas» de Barcelona (centros de detención, interrogatorio y tortura), de donde solían salir los que por ellas pasaban para ser asesinados. Llegaron a funcionar más de 40, dirigidas por las diversas organizaciones del Front Popular, siendo las más terroríficas la de Sant Elies, la de Vallmajor, la de Zaragoza 77, La Tamarita, Muntaner 321, El Seminario…
¿Sabían que en 1938 la República creó 7 terribles campos de concentración en Cataluña, 2 de ellos en Tarragona (Falset y L’Hospitalet de l’Infant), diseñados y controlados por el SIM, que estaba dirigido por agentes estalinistas que reprodujeron el gulag soviético?…
Seguramente, ¡no lo saben! Y me temo que nadie tiene intención de contárselo. Al contrario, profesores, pseudohistoriadores, izquierdistas y separatistas y gran parte de medios de comunicación seguirán en Cataluña con sus ocultaciones y sus manipulaciones, alimentando el victimismo, el separatismo y el discurso del odio contra España. Y así, continuarán mitificando y homenajeando a una figura tan perversa como la de Lluís Companys, quien, por cierto, en octubre de 1934 intentó dar un fallido golpe de Estado contra la propia República, lo que le llevó a prisión. En Cataluña no hay una ciudad o pueblo donde no se le haya dedicado una avenida, una calle, una plaza o un monumento; incluso han puesto su nombre al Estadio Olímpico de Montjuïc. Todo sea por mantener en pie el falsario relato que han conseguido crear en las últimas cinco décadas.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro «Tarragona 1936. Terror en la retaguardia»)
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