Immanuel Kant nos invitó a la aventura racional más lúcida del siglo de las luces, a pensar por nosotros mismos. Sapere aude, atrévete a pensar, la misiva de la Ilustración. Puede que la debamos actualizar a la luz del secuestro mental al que nos vemos sometidos por medios de comunicación que se erigen en sectas o en correas de transmisión de la manipulación de los partidos. Seguro que hoy Kant nos incitaría a cambiar de onda, de canal de TV, de medio, saltar de uno en otro para respirarlos todos y sacar conclusiones a la luz del contraste y los hechos.
Uno ya tiene años, y me sorprende la afinidad que tienen personas formadas por determinadas siglas cuando siguen cerriles a determinados medios. Su preparación y su racionalidad en campos alejados de la política suelen ser racionales y abiertos a las novedades, pero se cierran como ostras en cuento le mientas la iglesia ideológica que profesa con una leve crítica.
ATRÉVETE A CAMBIAR DE MEDIOS, no para cambiar un medio por otro, no para instalarte en otros, sino para transitarlos todos y sacar conclusiones propias del tránsito. No por un rato, para siempre. Como hacemos con la ventana de nuestra habitación; cada día hay que abrirla para que entre aire fresco.
Vivimos tiempos donde determinados políticos han de comerse un sapo cada día, y antes de que se hayan recuperado del asco, le espera de postre la siguiente mentira del líder. Hasta que comulgar con ruedas de molino es un ejercicio de supervivencia política. La alternativa es la dignidad y el amor a la verdad, pero esas virtudes como la honestidad casan mal con la permanencia en el cargo.
Por eso, transigen primero, después se acomodan y finalmente se autoengañan. Han logrado desactivar su conciencia y activar mecanismos justificativos. Pasa algo parecido con militantes y votantes fieles a las formaciones políticas, confunden fidelidad con libertad, cuando la razón última del voto ciudadano es garantizar con su voto la libertad y la justicia, no la fidelidad a una formación política.
Lo explicaba muy bien Félix Ovejero en su artículo, “El poder corruptor de los barones”: “Sucede que lo que al principio se acepta haciendo de tripas corazón se acaba defendiendo con convencimiento fanático. Hay que amortizar el coste de digerir ruedas de molino. La razón última es bien conocida por la psicología social: como nadie puede aceptar su deshonestidad intelectual, tiene que reajustar sus creencias. Y, a partir de ahí, en catarata. Como ha señalado Annie Duke, polifacética estudiosa de estos asuntos: «Cada vez que racionalizas la información nueva para aferrarte a una creencia, esa creencia se entreteje más en el tejido de tu identidad. La próxima vez que descubras información incompatible estarás aún más motivado para apegarte a ella». Una suerte de paradoja: la honestidad acaba por corromper el afán de verdad. Para creerse hay que mentirse” (2/12/2022. El Mundo)
No se hagan trampas al solitario, esta crítica no es de parte, sirve para cualquier formación, creencia o tendencia. Si esperan lo suficiente, en política se la pueden aplicar a todos los partidos políticos y a todos los feligreses que creemos ejercer de ciudadanos.
PD: Pásenlo a quienes no piensen como usted, no fuere a hacerles falta. También.
(copyright fotografía de Omar David Sandoval Sida)
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