Blanc i Blau no fue un periódico perico. Fue mucho más. Para mí fue muy importante, porque tanto Josep Sánchez como Norbert Gaspar me dejaron expresarme con entera libertad, y allí aprendí a ser columnista en clave blanquiazul. Fue mi particular ‘master’ en comunicación espanyolista.
Allí coincidí con una generación de comunicadores pericos que luego nos hemos repartido por multitud de medios: Jordi Luengo, Susana Guasch, Oriol Vidal, Abel Sierra y Raquel Mateos, entre otros, fueron compañeros de causa en aquellos tiempos. Con Francesc Via no coincidí, porque curiosamente fue mi ‘sucesor’. Cuando dejé de escribir mi columna, el ‘Citizen Kane’ fue Francesc el elegido para ocupar mi espacio.
Blanc i Blau fue un bonito proyecto, una realidad construida con sangre, sudor y lágrimas y un final triste. Demostró que se podía sacar un medio cien por cien espanyolista, pero el precio personal que pagaron sus fundadores, y muchos de los que lo apoyaron, fue elevado. Lo mejor de BiB fue que existió.
Gracias a BiB viví algunos de los momentos más curiosos de mi vida. Les propuse a Josep y a Norbert entrevistar a los candidatos a la presidencia de la Generalitat en las elecciones de 1999. Maragall dijo que sí, y me concedió veinte minutos, que ante lo escueto de sus respuestas, aún me sobraron diez. Parecía que estaba medio dormido, y que pasaba de mí. Jordi Pujol me recibió en el Palau, y para tocar la pera me puse la camiseta más cutre que tenía, una de una peña pero que tenía un notable escudo del club.
Y Pujol no me soltó en una hora, y antes de comenzar la entrevista me había apabullado con un montón de datos sobre el Espanyol. Entendí porque ganó elecciones durante 23 años. No dejaba nada al azar, se lo preparaba todo y tenía (supongo que aún la tiene) una memoria prodigiosa. La entrevista quedó muy chula en las páginas de Blanc i Blau, y aún la conservo con cariño.
Otro momento glorioso de mi paso por BiB fue cuando escogimos, por votación popular, a Mr. Camiseta Mojada. La carita de buen niño de Ángel Morales arrasó, y Quique de Lucas, el ‘guapo’ oficial del equipo, se quedó con un palmo de narices. A mí me tocó contar los votos, y les juro que no hice trampas, que entonces las pericas estaban loquitas por el capitán de la mítica Quinta de la Intertoto.
Todavía conservo centenares de ejemplares de mi paso por BiB. Y de vez en cuando los contemplo con nostalgia. Hay mucho cariño, mucho trabajo y mucho amor por el Espanyol en esos kilos de papel. A fin de cuentas, yo solo fui un colaborador, salvo los tres meses que duré como redactor jefe, alguien que pasaba por allí a echar unas risas, porque ya había mandado mis cuatro líneas por correo electrónico. Pero aunque no fuera del ‘núcleo duro’, siempre recordaré con afecto mi militancia en esta causa.
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