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El Catalán Opinión

Bienvenido a España, Santidad

La llegada a España de Su Santidad es la mejor de las noticias posibles siempre, y más aún en esta hora de España.

Por Amalio de Marichalar
sábado, 6 de junio de 2026
en Opinión
6 mins read
dignidad
 

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La ilusión de España entera recupera enteros de urgencia gracias a la visita de Su Santidad el Papa León XIV. Su presencia en España supone un aldabonazo trascendental en las conciencias y en el ánimo de los españoles, y una llamada a recuperar nuestra fe y nuestra firmeza con nuestros valores católicos. Una visita tantos años antes demandada desde las tan recordadas de San Juan Pablo II y Benedicto XVI.

La llegada a España de Su Santidad es la mejor de las noticias posibles siempre, y más aún en esta hora de España. Pero también es la mejor de las noticias para Hispanoamérica, actuando España en esta ocasión de potente portavoz para reafirmar los valores que nos unen hace más de cinco siglos… esos valores que han traído la civilización cristiana y occidental al mundo.

Esta visita tan anhelada por todos es una llamada a resembrar profundamente nuestra fe y nuestras convicciones de nación católica, sin temor alguno a decirlo así, independientemente del respeto a la separación Iglesia-Estado, y que además ha sido promotora principal en nuestra civilización de la dignidad de las personas, de los derechos humanos y de la democracia, y en permanente deuda de gratitud, dado que somos lo que somos, creyentes o no, gracias a nuestra permanente y siempre presente, así como necesaria, hoy más que nunca, herencia cristiana.

No querría, pues no imagine nunca, seguir estas líneas con algo que no fuera seguir dando mil razones más de la trascendental visita de Su Santidad, pero la urgencia y extraordinariedad de la situación por la que atraviesa España me obliga también excepcionalmente a hacerlo. España se ha convertido en una nación corrupta e indigna, señalada por los medios más reputados de Europa y del mundo. Costándome admitirlo, obviamente, he de aceptar por primera vez en 50 años, desde la llegada de la democracia, que es así.

¿Cómo es posible que un primer ministro europeo saturado de corrupción —ayer mismo nos enteramos de que toda una trama oscura y criminal actúa para buscar todas las maneras de deshacer los procesos de corrupción en los que están inmersos su mujer, su hermano, etc., y todo pagado con dinero del partido… es decir, su responsable máximo ser el pagador para deshacer los procesamientos de su familia y demás allegados vinculados a la organización criminal—, demostrándose por la Guardia Civil que esa trama oscura tenía como fin “proteger los intereses del presidente”…, y tenga la osadía de permanecer en el cargo?

¿Cómo es posible que durante la audiencia de Su Santidad a ese primer ministro español y europeo la semana pasada, en ese preciso momento, llevara ya horas de investigación la Guardia Civil, mandados por el juez, en la sede de ese Partido Socialista que este primer ministro dirige —al que, por cierto, ha destrozado— y que esa investigación continuara durante su comparecencia en nuestra embajada ante el Vaticano, no dando explicaciones, y además avalando de nuevo a ese otro primer ministro imputado, entre otras cosas, por organización criminal días antes?

Una imagen para la historia en la audiencia papal ha quedado clara para los católicos. El Vicario de Cristo, en permanente búsqueda del bien de la humanidad, y la viva encarnación del demonio, promotor permanente del mal para la humanidad. Así de sencillo. El representante del mal, que lo puede ser gracias al pacto inmoral, espurio y corrupto con quienes están fuera de la ley y prófugos de la justicia, que han dañado tanto a Cataluña y al resto de España, y gracias a ese otro pacto inmoral y perverso con el partido cuyo jefe es un terrorista y tanto mal y tragedia han originado en toda España, con muchísimos crímenes sin resolver y con sangre en sus listas electorales…

Este es el escenario. Aquel que lidera el mal y lo practica a diario, vilipendiando a las víctimas del terrorismo y sus familias, se comporta vilmente con los guardias civiles asesinados, con las familias de los muertos de la tragedia ferroviaria de Adamuz y Barcelona, con la tragedia de las riadas de Valencia, Castilla-La Mancha y Málaga, con la tragedia de la pasarela de Santander, la tragedia de los muertos del apagón nacional, de los incendios en verano o de la trágica pandemia, entre otras muchas circunstancias y acontecimientos donde lo primero sería decir la verdad para acometer todos los sucesos, verdad absolutamente inexistente en este primer ministro europeo, que además está señalado por la prensa mundial como líder de la corrupción y del ataque frontal a la democracia.

Santidad, todo lo que propugna el primer ministro español en la inmigración, como “cuestión de principios morales”, en el no a la guerra, en los avances laborales y de vulnerables, en la defensa “progresista” de sus políticas, en defender Venezuela, en los jóvenes, en la economía, en los fondos europeos… todo es absoluta mentira. Muchísima prudencia es necesaria. Todo ello es un engaño de quien, con piel y lenguaje de cordero, esconde el látigo y la ferocidad transgresora, y, carente de cualquier principio, esconde la perversidad más demoníaca del neocomunismo materialista, de tan trágico recuerdo para la humanidad, y de quien, sin adscripción específica, pervierte los valores de la sociedad a diario, buscando el enfrentamiento y el odio más satánico, readaptando su discurso al engaño constante a la sociedad, eso sí, disponiendo para tan maquiavélico plan del dinero de todos los españoles.

Odio y miseria abominable es pervertir la historia de España y secundar los inmorales postulados de segregación de sus socios para nuestra nación. Odio y revolver lo más sagrado, que son los muertos de todos, sin respetar nuestra religión —tampoco, en este caso, cualquier otra—, sin respetar el tesoro inimaginable de nuestra reconciliación y paz, y tampoco una basílica sagrada y su entorno, es atacar frontalmente el Valle de los Caídos. Agredirlo un solo metro es deshacer el abrazo fraterno de los españoles y deshacer en profundidad las relaciones con el Vaticano.

Odio y miseria abominable es querer enfrentar a diario a los españoles con leyes de “memoria democrática” pactadas con terroristas para poder sobrevivir en el cargo, u otras como “la amnistía”, pactada con delincuentes para comprar corruptamente por siete votos su silla, también a diario.

Santidad, es enormemente largo todo lo que habría que decir. Como católico y español de a pie, aun siendo desconocedor de tantas cosas, sí que puedo afirmar convencido, como millones de españoles, que cualquier frase, una sola palabra, un solo comentario que Su Santidad haga y que piense quien representa el mal que le puede favorecer, lo transcribirá en adelante como parapeto de su mentira una vez transcurrida la visita. El mal que personifica este presidente del Gobierno es perpetuo y es inimaginable. Su metodología, inspirada en lupanares de su familia, es muestra diaria de actuación.

Santidad, jamás pensé tener que decir todo esto ante una visita que a todos los católicos y a los no creyentes, pero que trabajamos por el bien a diario y que tan ilusionados estamos, nos preocupe al tiempo tanto.

Se habla en algunos medios en estos días de la importancia de la visita para rebajar la polarización. No es verdad dicho así. Parecería que estamos enfrentados los españoles irreconciliablemente. No es así. Es solo el presidente del Gobierno quien quiere ese análisis y trabaja a diario para esa polarización. Los españoles de bien, de cualquier pensamiento, queremos el bien común, y, por tanto, es solo una parte, y muy pequeña, pero la que encabeza el presidente del Gobierno para liderar el mal, al que hay que desterrar, y por ello clamamos por su dimisión en la reciente Marcha por la Dignidad de hace doce días, centenares de miles de españoles de cualquier pensamiento, que ha sido reconocida por los medios internacionales y contrarresta lo que también esos medios recogen en estos días, señalándonos como nación corrupta e indigna. No se confunda jamás la verdad.

Un primer ministro europeo tendría que haber pedido a Su Santidad aplazar la visita por ser indigno de recibir como presidente del Gobierno al Papa, o al menos recibir al Papa estando en funciones por haber dimitido previa e inmediatamente. Tuve ocasión de saludar al Sr. Nuncio de Su Santidad esta semana en la celebración del 80.º aniversario de la República de Italia. Le transmití la profunda ilusión, como español de a pie, por la llegada de Su Santidad a España… y la importancia que, además, ello tiene para Hispanoamérica. Tras breves segundos de reflexión me dijo… tiene usted razón.

He ahí la clave. El viaje de Su Santidad a España es trascendental para el orbe católico vinculado a la labor secular de España y, por otro lado, si Europa logró en un momento crítico de su historia seguir siendo cristiana, salvando las puertas de Viena, es gracias a España. Todos los grandes retos del viaje deberían tener muy claras estas enseñanzas… enseñanzas avaladas por la historia y marco de la mejor herencia moral, fuente sin la cual nada sólido puede construirse.

La verdad nos hace libres y tanto España como el resto de Europa han de tornar a sus raíces cristianas y avivarlas con los valores auténticos, en recuerdo de una enseñanza trascendental y perenne de San Juan Pablo II. ¡Bienvenido a España, Santidad!

Amalio de Marichalar Conde de Ripalda. Soria, 5 de junio de 2026

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