Hace días que tengo aparcado un asunto del que me gustaría hablar y lo voy dejando, dejando… pero de hoy no va a pasar pues me parece, a la vez, grave (bastante) y significativo (mucho). El pasado 25 de marzo, el President del Parlament Roger Torrent se dirigió (por TV3, claro está) al público y nos ilustró con su ciencia política (materia de la que es licenciado por la Universidad Autónoma de Barcelona y en la que no le falta práctica pues ya con veinte años era concejal y de eso hace casi otros tantos; o sea, que saber… sabe…, o tiene que saber…).
Tras señalar, sin inmutarse, que en España vivimos “un momento de involución democrática” (créame que eso fue lo que dijo, con todo lo que sabe este hombre…) y que “los poderes del Estado se rigen por la sed de venganza” (las palabras gruesas son las preferidas por los nacionalistas), añadió que “Ningún juez, ni gobierno, ni funcionario tiene legitimidad para cesar, y menos aún perseguir, al presidente de todos los catalanes”. No consta que adelgazase ni sufriera estrechez alguna a continuación, o sea: que se quedó tan ancho este licenciado en Ciencias Políticas.
Para empezar, hizo mal en referirse a su idolatrado Puigdemont como al presidente, pues ya no lo es (su categoría actual se ha reducido a la de “golpista huido y aspirante a imposible investidura”, una categoría que no merece tal nombre); sin embargo hizo más que bien en recordarle (aunque no fuese éste el sentido de sus palabras) que el puesto del que fue cesado es el de Presidente de “todos” los catalanes; es obvio que nunca le ha importado más que una mitad (que ni siquiera llega a eso), la que le es más afín, por no decir la que le adula-obedece-justifica-exalta-etc., y a la que sin duda pertenece este “torrente de ciencia política” que tan alto ha llegado (asombrosamente) y que también precisa aplicarse a sí mismo la lección-recordatorio de que las todas, todas, las autoridades catalanas se deben a todos, todos, los ciudadanos catalanes, y que el lacito amarillo puede ser adecuado para Roger Torrent, pero no para el President del Parlament… (hoy me rima todo sin querer), que en tal puesto hay que ser más ecuánime que nadie, que hay que representar a todos y hablar por todos (24 horas / 7 días / 12 meses), que hay que “saber estar”, ¡caray!…
Seguramente no pudo asistir a clase ese día, pero en la UAB no pudo por menos de ponerse de manifiesto alguna vez que la civilización occidental pagó el precio de mucho tiempo y la materia gris de muchos personajes (de nivel claramente más alto que el suyo) hasta llegar a conceptos como los del Estado de Derecho, la separación de poderes, etc.
Si de verdad quiere que “el presidente de los catalanes” (no dijo de la Generalitat) esté a salvo de todo juez, gobierno, funcionario… que nada ni nadie pueda cesarle ni sentarle en el banquillo, (“haga lo que haga”…, le faltó añadir al ínclito Roger), entonces la conclusión es que la república que querían instaurar es una república de pacotilla, una vuelta al poder absoluto del Antiguo Régimen del s.XVIII y antes; que los reaccionarios (realistas, absolutistas, carlistas después) aún defendían en el s.XIX; y que todavía resurgiría (modificado) con las dictaduras del s.XX. Si ya estaba mal incluso en esos contextos, ¿cómo puede pretenderse una vuelta a lo mismo en el s.XXI?
Yo no soy licenciado en Ciencias Políticas, pero suponiendo que lo fuese y que hubiera de corregir un examen en el que un alumno me pusiera eso, le suspendería con toda tranquilidad de conciencia; ¿cómo puede admitirse tal aberración en un President del Parlament del Catalunya sin que salten tantas chispas como para incendiar al menos su atril y un par de bancadas?
¿Es un ignorante o un irresponsable, un lerdo o un chulo?, ¿no sabe de qué habla o tiene mala fe?, ¿tanto ciega la pasión nacionalista como para creer que su ídolo está sobre el bien y el mal?, ¿tiene que volver a la UAB para reciclarse un poco este valedor del golpismo y del neo-absolutismo?, (más de un día ha debido faltar a clase…).
Por lo que se ve, en Cataluña hay que volver a explicar a alguno las cuestiones más fundamentales. Por debajo del asunto de las voluntades políticas hay un problema mayúsculo de falta de conocimiento. El otro día hablaba yo de “hignorancia” como la ignorancia de la historia (en artículos anteriores había hablado de ciertos historiadores), y de ignorancias de orden lingüístico (sí mencioné a ciertos locutores); me temo que hoy estoy apuntando a ignorancias políticas (de ciertos políticos de los que hoy menciono uno). No me diga que no es aún más grave y significativa la falta de conocimiento de un tema cuando se trata del tema por el que uno cobra a fin de mes.
Han convencido a media Cataluña de que no importa la legalidad sino la “legitimidad” (la suya, claro); pero ésta es siempre subjetiva y precisamente la legalidad (la ley acordada y escrita, positiva, negro sobre blanco, cuyo cumplimiento o tiene lugar o se exige judicialmente) es el elemento objetivo al que ha llegado la humanidad después de muchos siglos para entenderse y no hacerse daño a sí misma, ¿o no es ése el concepto? (seguro que mi expresión es imperfecta para el experto en derecho, pero ya me perdonará usted pues no soy del gremio; yo sí que no cobro por esto).
Han convencido a media Cataluña de que “querer es poder” (el otro día lo dije de forma más larga: que “la mera voluntad y el sentimiento conceden derechos políticos”). De que el principio democrático (la simple democracia asamblearia y “porque sí”) está por encima del principio de legalidad… pero, déjeme recordar que:
1) No hay democracia sin ley (sin ley igual para todos… porque la justicia o es para todos o no es tal justicia; nada hay más democrático que la sujeción a la ley de quien manda, etc).
2) La ley parte de la democracia (tras el Ancien Régime,se redacta con las formas y procedimientos democráticos acordados… compárese esto con los desgraciados “plenos de la vergüenza” del pasado septiembre en que se aprobaron las leyes de la pretendida desconexión).
Han convencido a media Cataluña de que se trata de reaccionar contra un Estado opresor, vengativo, antidemocrático (pese a lo que diga el mundo entero), culpable de todo lo malo, cuya ley es rechazable (ir “de la ley a la ley”, decían… de la ley del Estado Español a la ley de la República Catalana, L’État c’est moi, la Loi aussi –el Estado soy yo, la ley también-). El Estado incumple la ley, lo que hacemos nosotros siempre es legal (o lo pone la Constitución tal como la interpretamos, o lo dice el Derecho Internacional que siempre nos da la razón, o lo aprobamos aquí y ya sirve).
¿Qué sentimiento de culpa van a tener los dos millones de inducidos si creen que están en lo cierto y, salvo el diabólico Estado español, todo el mundo así lo entiende?; ¡van a ir disparados al cielo, oiga!
Les han hecho creer que sirven –emocionadamente- a la democracia, pero la están pisoteando. Urge cada vez más que se haga pedagogía democrática, empezando por algunos “licenciados en Ciencia Política” que lo que hacen, en realidad, es “tomarse licencias en Ciencia Política”. Un diploma verdadero para un ejercicio falso. Piénselo en algún momento de esta semana y ya me dirá.
Por Ángel Mazo
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