CLAC, con la colaboración de Youtopía (Garcilaso, 5. Garaje) organizó la presentación en Madrid de mi último libro, ‘Flipando con el procés’ (Ed. Hildy. Aquí pueden comprarlo). El acto se desarrolló en este local ecléctico, acogedor y sorprendente, en el que los tres ponentes (Pilar Castellanos, José Varela Ortega y Ángel Mazo da Pena) brillaron. El que suscribe estas líneas no puede más que agradecer los convincentes discursos de los participantes, y el apoyo de Miriam Tey (CLAC) e Iraida Domecq (Youtopía).
Pilar Castellanos denunció, sin ambages, el supremacismo del nacionalismo catalán, siempre tendente a despreciar a aquellos ciudadanos que no acepten sus postulados. Ser catalán y constitucionalista en Cataluña, argumentó, es un pasaporte para escoger la vía difícil para vivir y prosperar en esta comunidad autónoma, dominada desde hace décadas por el nacionalismo.
Recordó su experiencia personal como catalana y residente en Barcelona, y como algunos catalanes nacionalistas hacían distingos entre los «catalanes de verdad», los que tenían apellidos de sonoridad catalana y eran catalanoparlantes, y los «catalanes de segunda», que eran los que carecían de esos atributos. Y cómo los segundos miraban por encima del hombro a los primeros. Y añadió que «echamos de menos que en Cataluña se proteja a quién es más vulnerable: los niños».

José Varela Ortega dio una lección magistral sobre cómo la actuación de los separatistas es una evidente violación de los derechos civiles de millones de catalanes, sobre todo en materia lingüística, al impedir que niños castellanoparlantes reciban educación en su lengua materna, que es la lengua común de todos los españoles y la lengua oficial en todo el país.
Y reclamó que los nacionalistas y el PSOE no le roben sus derechos, dado que considera que la celebración de un posible referéndum de autodeterminación en Cataluña no podría circunscribirse solo a esta comunidad autónoma dado que él, como español, también tiene derecho a votar sobre el futuro de una parte de España. Recordó que Madrid es también de los catalanes, y Barcelona también lo es del resto de españoles, porque todos los ciudadanos tienen derecho a decidir el futuro de su país.
También subrayó que el entusiasmo sanchista por el resultado de las elecciones catalanas ha durado sólo pocas horas. El nacionalismo independentista identitario ha dejado clara su hoja de ruta; a) el cupo (un tratamiento fiscal desigual y ventajista), y b) el referéndum de autodeterminación. Y añadió que esta reacción no es casual y se debe a dos motivos. En primer lugar, a que la naturaleza del nacionalismo independentista no es de naturaleza ciudadana tipo francés, italiano o español, sino identitaria y territorial, en la línea Blut und Boden (sangre y tierra) de estirpe romántica alemana.
En segundo lugar -y en relación con lo anterior- porque con movimientos irredentistas y maximalistas de esa naturaleza, el apaciguamiento produce el efecto contrario; a saber, estimula e incrementa la transgresión y la ruptura legal. Concluyó afirmando que «todo ello, claro, descansa en la insólita decisión del zapaterismo sanchista de romper la tradición internacionalista e igualitaria del PSOE socialdemócrata (el de Berstein y Kautsky), para girar hacia una alianza con el nacionalismo identitario: una deriva ácida y demoledoramente denostada en sus orígenes por Marx y Engels, y que, en el universo social-comunista, sólo cuenta con el aval de Lenin. El resultado en la España de nuestros días ha sido convertir al PSOE en un partido residual y a remolque de socios nacionalistas de naturaleza supremacista e ideología basada en la desigualdad».
Ángel Mazo da Pena hizo un análisis psicológico del separatismo catalán, incluyendo las incongruencias de muchos de sus planteamientos, las contradicciones en que incurren a menudo, y las situaciones tan ridículas que ofrecen, algunas de las cuales pueden encontrarse en el libro. También señaló que junto a la cara trágica del nacionalismo (ruptura de amistades y familias, empresas fugadas, dinero malversado, oportunidades perdidas, frustraciones innecesarias, procesamientos judiciales, fugas al extranjero, etc.) existe otra cómica, que mueve a risa y es objeto de esta publicación; el humor es terapia muy conveniente para los sufridores de esta tediosa pesadilla.
Y acusó recibo de la función del autor como notario del “procés” y cronista de la locura que lo caracteriza, y se refirió a la diferencia entre los conceptos de salud mental (generalmente relacionados con la comisión del suicidio) e higiene mental (que no quita la vida, pero la deteriora mucho). Para Ángel Mazo la parte de la sociedad catalana actual que se mueve en el ámbito de lo “políticamente correcto” está enferma por falta de higiene mental, algo imprescindible para la higiene moral como nos han enseñado filósofos como Pascal, por ejemplo.
Finalizó diciendo que, para él, indultar a quienes han delinquido y no se arrepienten, ha sido como aplicar un tratamiento médico equivocado a enfermos que, además, quieren seguir siéndolo; y que amnistiarles es como diagnosticar que no existió enfermedad, siendo así que todos vimos que hubo -y sigue habiendo- fiebre, dolor y náusea.
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