El periodismo español y la vida pública se han quedado huérfanos tras el fallecimiento de Alfonso Ussía. Se marcha uno de los columnistas y escritores más brillantes de las últimas décadas, un intelectual que dominó como pocos el arte de la sátira inteligente. Su partida deja un vacío difícil de llenar para quienes apreciaban el ingenio sin caer nunca en la simpleza.
Ussía fue un verdadero maestro en el uso del lenguaje. Su pluma se caracterizó siempre por una combinación perfecta de inteligencia y buen humor, lo que le permitía abordar las cuestiones políticas y sociales más espinosas con una agudeza demoledora. Su sátira nunca buscaba el insulto fácil, sino que aspiraba a la carcajada que precede a la reflexión, desnudando las incongruencias del poder, especialmente de la izquierda, con una elegancia inusual.
La capacidad de Ussía para acertar en el diagnóstico y envolverlo en una prosa ágil y divertida lo convirtió en un referente. Su influencia se extendió a través de sus artículos, que ofrecían un contrapunto necesario al discurso imperante. Supo utilizar la ironía como una herramienta de crítica constructiva. Su legado es el de un autor que jamás renunció a sus principios. Desde una perspectiva ideológica clara, defendió sus convicciones con valentía, utilizando el humor como escudo y, al mismo tiempo, como arma.
El hueco que deja en el columnismo español es inmenso. Echaremos de menos esa habilidad innata para encontrar el ángulo más perspicaz de la actualidad y transformarlo en una pieza memorable. Su adiós nos recuerda la escasez de voces que, como la suya, conseguían ser políticamente incorrectas sin dejar de ser profundamente cultas.
Más allá de su figura pública, queda el recuerdo de su gran amabilidad y trato cercano. Quienes tuvimos la suerte de coincidir con él pudimos constatar su generosidad personal. En este sentido, hay un recuerdo particular que quiero destacar. Quien firma este artículo tuvo el gran regalo de poder saludar a Alfonso Ussía durante un acto de las jornadas que CLAC organizó en Comillas en el verano de 2021.
Su presencia en aquel evento, junto a otros nombres destacados del pensamiento, fue un verdadero lujo para la organización. La disponibilidad que mostró y la sencillez con la que se relacionó con el público y los participantes dejaron una huella imborrable. Agradeceremos siempre su presencia en aquellas jornadas. Ese encuentro personal confirmó la imagen de un caballero, talante que supo trasladar a su prole porque su hija Isabel, que fue pieza clave de aquellas jornadas coordinadas por Miriam Tey, demostró que los Ussía están todos hechos de la misma buena pasta.
En estos momentos de despedida, solo cabe rendir homenaje a su memoria. Alfonso Ussía nos enseñó que la mejor crítica es la que se viste de carcajada. Su obra permanecerá como un testimonio de que la inteligencia, el buen humor y la defensa de España pueden viajar de la mano. Descanse en paz.
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