¿Quién nos iba a decir que, en pleno 2026, el personaje más casposo de nuestra cinematografía acabaría sentando cátedra en la gran pantalla? Santiago Segura lo ha vuelto a hacer: ‘Torrente Presidente’ no es solo una película, es un tsunami que ha barrido la taquilla española, demostrando que el «brazo tonto de la ley» tiene un imán para el público que ya quisieran para sí muchos sesudos dramas de autor.
Las cifras hablan por sí solas y marean a cualquiera. En apenas diez días desde su estreno el pasado 13 de marzo, la sexta entrega de la saga ha alcanzado los 27,6 millones de euros, superando los 3,5 millones de espectadores situándose como la cuarta película español más taquillera de todos los tiempos.
Lo curioso de este fenómeno es su capacidad de resistencia. Mientras que los grandes estrenos suelen desinflarse tras el primer fin de semana, Torrente mantuvo un «aguante» histórico, cayendo apenas un 22% en su segunda semana. Ni siquiera el estreno simultáneo de lo último de Almodóvar, ‘Amarga Navidad’, pudo hacerle sombra al policía más guarro de la historia, que ha pasado por encima de la competencia como un rodillo, dejando claro que el público tiene ganas de reírse de todo y de todos.
Pero, ¿qué tiene esta entrega para haber conectado de forma tan visceral? La clave parece estar en su sátira política. En un momento donde la realidad a veces supera a la ficción, Segura ha sabido captar el espíritu de la época llevando a su personaje al terreno del populismo. Ver a Torrente codeándose con la clase política y lanzando dardos a diestro y siniestro —especialmente a esa «ultraderecha despejada» que tanto asoma por los informativos— ha resultado ser la catarsis perfecta para una audiencia saturada de crispación.
El desfile de cameos también ha sido, como siempre, parte del ADN del éxito. Desde Carlos Herrera hasta la sorprendente aparición de un Alec Baldwin parodiando a Donald Trump, la película es una yincana de caras conocidas que mantiene al espectador pegado a la butaca. Es ese costumbrismo gamberro, el de ir al cine a ver a «los nuestros» haciendo el cafre, lo que convierte cada estreno de la saga en un evento social que trasciende lo meramente cinematográfico.
Al final, el éxito de ‘Torrente Presidente’ nos dice mucho de nosotros mismos y de nuestra forma de entender el humor. A pesar de los años y de los cambios sociales, parece que esa mezcla de incorrección política, chistes de barra de bar y crítica social deformada sigue siendo nuestra medicina favorita. Santiago Segura ha demostrado, una vez más, que conoce mejor que nadie el pulso de la calle, convirtiendo lo cutre en oro puro y devolviendo la alegría a unas salas de cine que necesitaban, más que nunca, un fenómeno de masas así.
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