Pues he dudado un poco en publicar estos datos que me ha mandado la distribuidora esta mañana (no quería amargar el sábado a mis haters…)
Pero sé que, todos los que me habéis ayudado a hacerlo posible, os vais a alegrar! 😉 pic.twitter.com/KP2OrMYNPi— Santiago Segura (@SSantiagosegura) March 14, 2026
La España real ha hablado en las taquillas y el mensaje es ensordecedor para la Moncloa. El estreno de ‘Torrente Presidente‘ se ha convertido en una bofetada de realidad para un Gobierno obsesionado con el control del relato y la corrección política. La película ha recaudado 2,4 millones de euros en su primer día, acaparando el 78% de la taquilla total, según los datos difundidos por Santiago Segura.
El éxito del patrullero más casposo de España no es solo cinematográfico, sino profundamente político. En un contexto donde el Ejecutivo intenta imponer leyes de memoria y «comités de la verdad», Torrente emerge como el espejo deformante de una sociedad que ya no soporta la hipocresía progre. El personaje encarna todo lo que el sanchismo desprecia, y precisamente por eso, millones de ciudadanos lo han convertido en un símbolo de resistencia frente al pensamiento único.

La campaña de Torrente
La campaña de promoción, basada en el misterio y la ausencia de tráileres, ha sido un golpe maestro contra la prensa afecta al régimen. Segura sabía que los críticos del ‘establishment’ buscarían cualquier excusa para cancelar la película antes de su nacimiento. Al hurtarles la información, ha permitido que sea el público soberano quien juzgue una obra que se ríe de todos, pero especialmente de los dogmas que el PSOE intenta inyectar en el día a día.
Resulta paradójico que en la España de 2026, sea un personaje zafio y amoral el que mejor defienda la libertad de expresión. Mientras el Gobierno se dedica a perseguir disidencias en redes sociales, las salas de cine se llenan de gente que solo quiere disfrutar de un humor sin bozal. Torrente no es un ejemplo a seguir, pero su existencia es la prueba de que el control social que busca el sanchismo tiene grietas insalvables.
La respuesta del público confirma que el hartazgo no entiende de fronteras regionales. La gente está saturada de una política que prioriza el lenguaje inclusivo sobre la gestión eficiente y la libertad individual. Torrente, en su grosería, resulta mucho más honesto que las ruedas de prensa de un Consejo de Ministros que miente por sistema para mantenerse en el poder.

Torrente, un síntoma
La industria del cine, a menudo subvencionada y servil con el poder de turno, mira con recelo un éxito que no depende de los favores de la Moncloa. Segura ha roto las reglas del juego al conectar directamente con el sentimiento de la calle, ignorando las directrices de la cultura oficialista. Este triunfo de la taquilla es el fracaso de una política cultural diseñada para el adoctrinamiento y no para el entretenimiento libre.
En definitiva, ‘Torrente Presidente’ es el síntoma de una sociedad que empieza a perder el miedo a la cancelación. El sanchismo podrá controlar las instituciones, pero no ha logrado doblegar el espíritu gamberro y libre de un país que se niega a ser gris. La risa sigue siendo el arma más potente contra la censura, y este fenómeno es solo el principio de una respuesta social que no podrán detener con decretos.
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