
Hace unos días una sentencia del Tribunal Supremo avalaba la descatalogación del monumento a la Batalla del Ebro, lo que se ha interpretado por muchos catalibanes de la “desmemoria histórica”, incluidos algunos medios de comunicación, como que se avalaba con ello la retirada definitiva del monumento, algo que la valerosa entidad cívica ciudadana COREMBE, de Tortosa, que se viene oponiendo desde hace años a dicha retirada, ha negado en un comunicado en el que dice que el proceso sigue judicializado y que dicha resolución solo cierra una de las diversas vías judiciales abiertas. Añaden, además, que continuarán con la necesaria lucha en defensa del monumento. Decir que dicha entidad, como todos aquellos que defienden la permanencia del monumento, son tachados por los intolerantes —que harían bien en mirarse al espejo— poco menos que de “feixistes”.
Pienso que, con respecto a este tema, es conveniente hacer un poco de historia. El 21 de junio de 1966 (hará en unos meses 60 años), Francisco Franco inauguraba el monumento conmemorativo de la Batalla del Ebro en Tortosa, situado en una antigua pilastra de un puente que fue dinamitado por las fuerzas republicanas en abril de 1938, como parte de su estrategia de retirada ante la inminente entrada de las tropas franquistas en la ciudad. El Diario Español de Tarragona, el 22 de junio de 1966, publicaba el siguiente titular: “Más de cien mil personas aclamaron a Franco en las calles de Tortosa, Roquetas, Amposta y San Carlos” (las fotografías que aparecen en el diario y las imágenes del NO-DO de la época así lo acreditan).
En el multitudinario acto de la inauguración, Franco, desde un gran escenario junto al Ebro, en su parlamento, entre otras cosas, dijo: «Hemos de agradecer a Tortosa, ciudad mártir de aquella epopeya (la batalla del Ebro), que haya querido perpetuar aquella gesta, con este grandioso monumento al heroísmo de tantos españoles que, con el sacrificio de sus vidas, rubricaron el mandato solemne de nuestros muertos». Todo ello ante grandes aplausos y vítores de la muchedumbre que abarrotaba ambas riberas del río. La inauguración finalizó con el espectacular repique de las campanas de todas las iglesias de Tortosa y la suelta de centenares de palomas. Sin embargo, hoy muchos de los hijos o nietos de aquellos que entonces aclamaron a Franco se han convertido, renegando de sus mayores, en fanáticos separatistas e izquierdistas que claman insistentemente por la demolición del monumento. Por otro lado, en la otrora católica Tortosa hoy se da la circunstancia de que acude más gente a las mezquitas islámicas que a las iglesias. Cosas favorecidas por los que han convertido la adoración a la “nació” y a la “estelada” en una nueva forma de religión.

El monumento, de gran valor histórico y artístico, que es una de las esculturas verticales más altas de Cataluña, es obra del reputado escultor y pintor catalán Lluís Maria Saumells Panadés, quien, cuando trabajaba en el diseño del proyecto, en su dietario escribió: «Treballo en la maqueta del Monument a la Batalla de l’Ebre. Estudio la figura que va dalt de la torre, un combatent de la batalla, sense que s’especifiqui de quin exèrcit, un supervivent que alça una estrella a la volta del cel per tal que mai més hi hagi una guerra civil».
En 1986, el Ayuntamiento de Tortosa, siendo alcalde Vicent Beguer (CiU), retiró del monumento varios símbolos, incluido el «Víctor» (emblema de Franco) y una inscripción que hacía referencia al Caudillo de la Cruzada y los 25 años de paz. Y en el año 2003, siendo alcalde Joan Sabaté (PSC), el monumento fue declarado «Bé Integrant del Patrimoni Cultural Català» dentro del catálogo patrimonial municipal, en el nuevo planeamiento urbanístico. Actualmente en el monumento solo queda una inscripción original que dice: «A los combatientes que hallaron gloria en la batalla del Ebro».
Hay que decir que sigue siendo el monumento más fotografiado por los visitantes y los ciudadanos de Tortosa. Pero actualmente a los “talibanes” de la memoria histórica (izquierdistas y separatistas) su existencia les parece algo intolerable; y por eso llevan casi dos décadas exigiendo su retirada total y definitiva.
El Parlamento de Cataluña aprobó, en marzo de 2016, una moción en la que se instaba al Ayuntamiento de Tortosa a retirar el monumento franquista. Pero, sabiendo el Ayuntamiento que este era un tema que podía resultar controvertido en la ciudad y ya que entonces, además, estaba muy de moda lo del “dret a decidir”, el entonces equipo de gobierno municipal (CiU-ERC) decidió someter la decisión a una consulta popular, pensando que al final la mayoría se inclinaría por su retirada. Y así, el 28 de mayo de 2016, se realizó un referéndum para ver cuál era la opinión mayoritaria de los ciudadanos al respecto. En dicha consulta el 68 % de los vecinos se mostró partidario de mantener dicho monumento (reinterpretado y contextualizado) donde está.
Pero los “demócratas” partidarios de la “memoria histórica” pronto se olvidaron del resultado del referéndum y, haciendo caso omiso al sentir mayoritario de los ciudadanos, el Ayuntamiento de Tortosa aprobaba meses después, con el único voto en contra del entonces concejal de Cs (PP y VOX no tenían representación), la descatalogación del monumento para facilitar así su retirada.
En octubre de 2020 la “consellera” de la Generalitat, Ester Capella (ERC), anunciaba, a bombo y platillo, que su Departamento había elaborado un informe técnico por el cual la Generalitat asumiría la retirada definitiva del monumento. Pero este nuevo intento de retirada del monumento fue paralizado por dos recursos contenciosos presentados por el colectivo COREMBE contra el consistorio y la Generalitat.
Es decir, todos estos “demócratas” de medio pelo a los que se les llena la boca defendiendo el “dret a decidir”, eso sí, siempre que este coincida con sus intereses ideológicos, son los mismos que se dedican a blanquear la reciente historia terrorista y criminal de Terra Lliure y de ETA (y se abrazan con sus herederos de Bildu). Son los mismos que no se cansan de repetir lo criminal que fue el franquismo y lo positivo y democrático que fue el republicano Front Popular, mientras ocultan sistemáticamente la brutal y terrorífica represión llevada a cabo en la retaguardia de la Cataluña del Front Popular presidido por Lluís Companys, donde fueron asesinadas 8.352 personas por el mero hecho de ser de derechas o católicas. El doble de las víctimas producidas por la posterior represión franquista. Y sin embargo hay en Tortosa un monolito y un parque dedicado a la memoria del mitificado Lluís Companys, quien, por cierto, en octubre de 1934 dio un golpe contra la propia República. También hace unos meses el alcalde de Tortosa anunciaba que el Parque de la Feria se llamará Parque de Rafael Vidiella y se levantará en su nombre un monolito. Hay que decir que Rafael Vidiella fue un izquierdista tortosino fundador en 1936 del PSUC que, por ejemplo, siendo Conseller de Justicia de la Generalitat con Companys, el 18 de enero de 1937 se negó a conmutar (a petición de su abogado) la pena de muerte al Hermano de la Salle Manuel Barbal (Sant Jaume Hilari), condenado a muerte por el Tribunal Popular de Tarragona (CNT, UGT, FAI, PSUC, POUM) porque sabía latín y enseñaba religión a los niños, lo que fue considerado como una práctica propia de fascistas.
Curiosamente, para esto se aplica una implacable “desmemoria histórica”. Durante el citado periodo la persecución religiosa fue terrorífica; solo en la Archidiócesis de Tortosa fueron asesinados por patrullas de milicianos de los Comités del Front Popular 316 religiosos (el 61,5 % del total), el tercer porcentaje más alto de toda España; siendo además devastadas la práctica totalidad de las iglesias y edificios religiosos de la ciudad, incluida su catedral. Y están documentados en Tortosa los asesinatos de al menos 566 personas por parte del “democrático” Front Popular.
Por otro lado, quiero recordar que en el año 2001 los talibanes en Afganistán decidieron destruir las estatuas gigantes de Buda de Bamiyán (de los siglos VI y VII); no les gustaban porque las consideraban como ídolos contrarios al islam. Fue un escándalo en todo el mundo, pero eso a ellos les trajo sin cuidado; su fanatismo estaba por encima de lo artístico y lo histórico. Algo similar a lo que se está haciendo en nuestro país, donde desde la aprobación de la Ley de Memoria Histórica de Zapatero (2007) se han dedicado a retirar cualquier vestigio que pudiera recordar al franquismo, incluidas unas pequeñas placas metálicas (de los años 50 y 60) donde podía leerse la inscripción “Ministerio de la Vivienda, Edificio construido al amparo del régimen de Viviendas de Protección Oficial”.
Demoler monumentos no es más que un símbolo de barbarie. Si no, no habría pirámides, ni anfiteatros romanos, ni monumentos mayas donde se practicaban sacrificios humanos, ni existiría el mausoleo de Lenin, ni los Inválidos de París donde están los restos del déspota Napoleón…
Además, “lo Monument” no es solo un monumento en Tortosa, sino que, después de estar presidiendo durante los últimos sesenta años la pilastra del río Ebro, forma ya parte del corazón y del recuerdo colectivo de decenas de miles de tortosinos y se ha convertido en un símbolo fortísimo de la ciudad. La cruz que en él se eleva es un símbolo inseparable de nuestra historia y nuestra civilización y, como señaló el autor de la obra, el combatiente de la batalla que corona el monumento, alzando una estrella hacia el cielo, nos está recordando la gloria alcanzada por los combatientes en esa épica batalla y, a la vez, lo trágico de una guerra fratricida que no debería volver a repetirse.
No me queda más que dar las gracias a los tortosinos de COREMBE por su gran dignidad al no plegarse a las presiones políticas y por continuar su incansable lucha por salvar lo Monument.
Salvador Caamaño Morado (presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica, exdirigente en Tarragona del PSUC y de CC.OO. en los años 70 y 80, y autor del libro “Tarragona 1936. Terror en la retaguardia”)
Foto 1. Montaje fotográfico con el Monumento a la Batalla del Ebro (S. Caamaño).
Foto 2. Imágenes de la visita de Franco a Tortosa el 21-6-1966 en la inauguración del monumento.
Foto 3. Miembros de la Coordinadora de la Resistencia en Tortosa.
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