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El 1º de mayo, los sindicatos sanchistas y el separatismo

Como se suele decir ahora, de las «barricadas» han pasado a las «mariscadas».

Por Salvador Caamaño Morado
viernes, 1 de mayo de 2026
en Política
5 mins read
Fachada actual de la sede UGT y CC.OO en la Rambla Nova de Tarragona, Foto: S.C

Fachada actual de la sede UGT y CC.OO en la Rambla Nova de Tarragona, Foto: S.C

 

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El 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, es la fecha que evoca la lucha y el sacrificio de todos aquellos que entregaron, a lo largo de la historia, su vida en favor de la defensa de los intereses de los trabajadores, que hicieron posible la promulgación de muchos de los derechos laborales y sociales que hoy disfrutamos. Fue instituido como tal como homenaje a los 8 «Mártires de Chicago»: sindicalistas y anarquistas acusados de atentar contra la policía durante las jornadas de huelga que se iniciaron el 1 de mayo de 1886 en Chicago (donde se pedía principalmente la reducción de la jornada laboral a 8 horas, que entonces superaba habitualmente las 12 horas). Tres de ellos fueron condenados a cadena perpetua y los cinco restantes fueron condenados a pena de muerte y ejecutados por ser considerados los máximos responsables de dicha lucha.

En nuestro país, el sindicalismo tradicional que habíamos conocido en los años 70, 80 y principios de los 90, liderado por Marcelino Camacho (CC. OO.) y Nicolás Redondo (UGT), con un carácter muy reivindicativo y una gran capacidad de movilización —solo durante el mandato de Felipe González convocaron hasta cuatro huelgas generales (1985, 1988, 1992 y 1994)— fue progresivamente dejando de existir. Los sindicatos se fueron burocratizando y desnaturalizando; la afiliación fue disminuyendo drásticamente, al igual que su capacidad de movilización.

En las dos últimas décadas, todo este proceso se ha acelerado y la dirección de los sindicatos no ha tenido el más mínimo reparo, cuando ha sido necesario, en traicionar a los que decía representar. Hemos podido constatar cómo la lucha de los sindicatos se ha centrado prioritariamente en conseguir subvenciones y prebendas de los poderes públicos para poder vivir de la «sopa boba», manteniendo a unos dirigentes muy bien remunerados (que en muchos casos no conocen lo que es trabajar en una empresa), a auténticas hordas de liberados sindicales y unas macroestructuras muy caras de sostener. Su absoluta supeditación al poder los ha convertido en un calco de lo que fueron los «sindicatos verticales» durante el franquismo.

Mitin de CC. OO. en Tarragona con Marcelino Camacho y, junto a él, el autor de esta crónica, Salvador Caamaño (con perilla). Marzo de 1978. Archivo Salvador Caamaño

Como se suele decir ahora, de las «barricadas» han pasado a las «mariscadas». Ahí están, como máximo exponente, los casos de los ERE, el fraude de los cursos de formación, la presencia, en muchos casos corrupta, de sindicalistas en los Consejos de Administración de las cajas y de las grandes empresas… Se trata de «trincar» allí donde se pueda, por aquello de «la caridad bien entendida empieza por uno mismo». Su lucha tradicional la han sustituido por la defensa de los postulados nacional-separatistas, por las políticas LGTBI, el feminismo radical, la Agenda 2030, la propaganda pro-Palestina y pro-Hamás…

El 1.º de mayo, los líderes de UGT y CC. OO. (Pepe Álvarez y Unai Sordo) desfilarán un año más, acompañados por una cada vez más reducida cohorte de liberados sindicales y junto a destacados dirigentes del PSOE, de IU y de Sumar, con la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, a la cabeza, que ha confirmado que, un año más, acudirá a la manifestación central del 1.º de mayo de CC. OO. y UGT, que este año se celebrará en Málaga, por aquello de que coincida con el inicio de la campaña de las elecciones al Parlamento de Andalucía del 17 de mayo. También han confirmado su asistencia a dicha manifestación, convertida en acto electoral, la exvicepresidenta del Gobierno y ahora candidata del PSOE en Andalucía, María Jesús Montero, y el secretario general de IU, Antonio Maíllo. En definitiva, los sindicatos mayoritarios (cada vez más irrelevantes), UGT y CC. OO., se han convertido en meros palanganeros de la cloaca sanchista.

En Cataluña, CC. OO. y UGT, al igual que la mayoría de pequeños sindicatos (incluidos los pseudoanarquistas de la CGT), salen de la mano del separatismo. Desde hace, al menos, cuatro décadas, se han sumado inequívocamente al entramado nacional-separatista, cuando los sindicatos de clase, ni por educación ni por convencimiento, nunca han sido nacionalistas, sino internacionalistas, pues en la práctica todo nacionalismo solo sirve para fomentar la división y el odio, y para excluir al otro.

Pepe Álvarez (UGT), Muriel Casals (Òmnium Cultural) y Joan Carles Gallego (CC. OO.) en un acto en defensa del referéndum para la secesión de Cataluña. Imagen: S. C

En el año 2012, CiU, que gobernaba en la Generalitat, cada vez más acosada por sus múltiples y escandalosos casos de corrupción, se echó definitivamente al monte para intentar taparlos, acelerando el proyecto independentista e iniciando lo conocido como «procés». En el año 2013 se convocaba, por parte de todo el aparato secesionista (también con el apoyo de los sindicatos), la llamada «Vía Catalana hacia la Independencia» para avanzar en el proceso soberanista hacia la autodeterminación y la independencia de Cataluña. En abril del año 2014, el Govern de la Generalitat, presidido por Artur Mas, aprobó conceder la Creu de Sant Jordi (máxima distinción de la Generalitat) a CC. OO. y UGT.

Así se premiaba a los dos sindicatos mayoritarios por su larga e inestimable colaboración con el nacionalismo. Las dos principales centrales sindicales habían, en los últimos años, venido impulsando abiertamente el llamado «procés» y habían firmado, bajo el lema «El món del treball pel dret a decidir», un acuerdo estratégico de colaboración con la entonces todopoderosa ANC (Assemblea Nacional Catalana), hoy en profunda crisis, y con Òmnium Cultural, actualmente también en declive. Desde entonces, la supeditación sindical a las tesis nacionalistas, traicionando a las bases que históricamente han representado (que son muy mayoritariamente contrarias a la independencia y a las imposiciones lingüísticas), ha sido absoluta. Los sindicatos (al igual que la izquierda) siempre han defendido la inmersión lingüística y l’escola en català, apostando por excluir el español en las escuelas y en todos los ámbitos oficiales (cuando es la lengua materna de más del 60 % de los catalanes, según datos de la propia Generalitat).

Se han convertido, en definitiva, en un instrumento más del nacionalismo identitario, el que niega en la práctica los derechos de al menos la mitad de los ciudadanos de Cataluña; que ha servido, en las últimas décadas, para alimentar el odio y para generar más división, más discriminación y más racismo y clasismo. Han estado del lado de los golpistas (juzgados, condenados y luego indultados, y que ahora quieren amnistiar) que tan gravemente dividieron y enfrentaron a los catalanes, y que han intentado dinamitar la igualdad y la convivencia entre todos los españoles. Están del lado de los separatistas que van de víctimas y de presuntos «oprimidos», cuando son los opresores, los que se van a Bruselas o a Suiza para vivir a cuerpo de rey. Cuando aquí, antes y ahora, los únicos oprimidos y las víctimas son los pobres, los que no llegan a fin de mes, los considerados «xarnegos», los discriminados, los silenciados… Nunca el desprestigio y la irrelevancia de los sindicatos en nuestro país habían llegado a los niveles actuales.

Salvador Caamaño Morado (Diplomado en Relaciones Laborales. Exdirigente en Tarragona de CC. OO. y del PSUC en los años 70 y 80)

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TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: 1 de mayoSalvador Caamaño MoradoSindicatos
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