Artículo vigésimo segundo: ser de los nuestros

Más que mala, es perversa la ilusión de que uno no puede sentirse comprendido y a gusto más que entre paisanos idénticos (que no es lo mismo que entre ciudadanos iguales en derechos y oportunidades, y ante la ley), porque niega el valor de la diversidad y atenta contra los principios de convivencia y tolerancia; ¡ay, si Voltaire levantara la cabeza!

Más a modo de perorata que de prédica, los separatismos vienen a decir: “Como mejor estoy es en casita y con los míos; ¡nene, cierra la ventana!”; o “¡Qué bien que, una vez separados, seremos menos pero mucho más homogéneos y libres!”.

Sin embargo, la homogeneidad con la que quieren hacer soñar es muy “in”: incomprensible en el mundo de hoy, inalcanzable en el futuro, inmoral siempre. Y, en cuanto a la libertad… no me haga reír, también el comunismo prometía liberación política y, cuando llegaba a donde llegaba, no ofrecía en la práctica más que estructuras aparatosamente burocráticas que rebosaban corrupción y represión; aparte de que para conjugar simultáneamente altos grados de homogeneidad y libertad sin menoscabo mutuo, se requiere un equilibrio y un arte políticos muy por encima de los que demuestra esta “panda”; menos mal que semejante impericia no la llegaremos a ver nunca.

En el afán de lograr su propia homogeneidad imposible, el nacionalismo vasco hasta parecía no ver terroristas en los etarras, sino chavales que estaban equivocados en las formas pero no en el fondo, ¡una mera cuestión de matices!; eran chicos pues… “un tanto bestias o  traviesos, pero de la familia al fin y al cabo”, por lo que merecían comprensión si no aplauso.

En la Cataluña de hoy, incomprensiblemente el secesionismo también perdona –con muy interesada misericordia- a los “nois de casa nostra” (chicos de casa) que han alcanzado las cimas de ANC, Òmnium Cultural, Parlament y Generalitat… cualquier barbaridad o despropósito que hagan o digan.

Es gente con tan poca clase y tan desnortada que no duda ya en utilizar métodos inaceptables para quebrantar leyes estatales y autonómicas, retorcer normativas del propio Parlament, discriminar a más de la mitad de los catalanes –los no separatistas-, y comportarse con intolerable desfachatez. Hasta el mundo progresista y catalanista se ha ido desmarcando (vean, si no, los casos de Serrat, Rosa Mª Sardà, y tantos otros, nada sospechosos de nacionalismo español).

Algunas de estas cosas que hacen y dicen son tan absurdas, desde los postulados de la lógica, que me causan una perplejidad de la que me cuesta trabajo salir. Me viene ahora a la cabeza un corto video que pude ver en un telediario hace un par de años: un delincuente brasileño sale de su favela y roba un vehículo, unos kilómetros después lo deja frente a la farmacia que va a atracar; al salir con el dinero de su caja fuerte, se encuentra con que el vehículo le ha sido robado a su vez por otro ladrón.

No puede huir y es detenido enseguida. Sus declaraciones en comisaría no tenían desperdicio: le habían quitado el vehículo que él había robado con su propio esfuerzo y riesgo, por lo tanto era suyo; ya no podía estar uno tranquilo en una sociedad así; y se preguntaba adónde iban a parar…

Dicho todo esto con la mayor naturalidad, como no esperando más que reacciones de comprensión por parte de la policía que le interrogaba… Pues bien, amigo lector; con esta historieta en mente, le invito a que descifre mi mensaje de los siguientes ejemplos tomados, como verá enseguida, de la realidad:

  • La declaración unilateral de independencia -ahora simbólica-, fundamentada en los resultados de un referéndum –ilegal e irregular-, fue considerada como un ejercicio normalísimo de “legitimidad democrática”, mientras que la aplicación de un artículo (el 155) de la Constitución de 1978 se califica como “golpe de Estado”.
  • El expresidente de la Generalitat, se consideraba (antes de ser detenido en Alemania) como “exiliado político” no como huido de la justicia española; pero el Presidente del Gobierno de España fue acusado públicamente por el del Parlament de cometer fraudes de ley.
  • Este último curioso personaje dice estar al servicio de todos los catalanes pero luce con orgullo, en el ejercicio de su función pública, un lazo amarillo (símbolo y objeto de devoción de algunos pero rechazado por los demás). Por cierto que debería ir pidiendo cita para renovar su DNI pues últimamente le están dando tanto hasta en él que se va a hacer ilegible (es “un decir”).
  • La Constitución Española (que, las mismas personas, unas veces desprecian y otras denuncian se incumpla –supuestamente-) es un “triste papel” para el “expresident exiliado”, pero él se permite otorgar carácter sagrado a la interpretación que se hace de los resultados de la farsa del 1-O (“mandato popular”).
  • Se propone para ser investido como President de la Generalitat (por favor, ¡más respeto a las instituciones catalanas!), a candidatos como Puigdemont y Sánchez, a sabiendas –ya en diciembre- de que sus circunstancias les permitían presentarse a las elecciones a diputados pero no ejercer el cargo de President (se fuerza así la situación para atribuir al Estado una culpa más; es el victimismo que llaman astucia).
  • De hecho, el expresident había elegido un (más que cómodo) autoexilio en Bruselas diciendo que desde allí era más útil a la causa secesionista que desde la (más que incómoda) cárcel, pero cuando ha visto que había de renunciar a ser investido, lo que se le ha ocurrido es proponer al encarcelado Sánchez (más victimismo a la vista).
  • A continuación, renuncia Sánchez a su investidura, claramente a la vista de que el tratamiento de la prisión provisional no puede ser ni está siendo el mismo en todos los casos; pero se propone a Turull, quien también tenía cuentas pendientes con la justicia y por eso estaba en libertad bajo fianza. Se trataba de ver si las fechas cuadraban y se ingresaba en la cárcel a un president ya investido; bien se ve que los sentimientos victimistas generan estrategias astutas que a su vez generen más victimismo…

Creo que en realidad no necesito seguir: incongruencias como éstas (ya sabe usted que las voy señalando, pero también sabe que me quedo siempre sumamente corto porque hay bastantes más) son más que suficientes para convencerle a usted de que no les vuelva a votar si lo ha hecho alguna vez, y absolutamente inútiles si, a pesar de los pesares, ha decidido usted perdonarles todo y seguir votándoles; usted verá, pero lo que yo veo es que se me ha hecho muy tarde esta noche y debiera acostarme (es esto lo que yo no perdono).

Próximamente: “¡más Mazazos!”, como dice uno de mis amigos; y con M mayúscula (no sé si por mi apellido o porque le parece que reparto contundentes golpes de lógica…, o por ambas razones).

La semana próxima trataré de la dilución del “procés”. Aquí tienen el enlace con el artículo anterior.

Por Ángel Mazo.

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