Desde hace unos años lo de irse de viaje de vacaciones a Japón es una auténtica fiebre. Indudablemente, es el destino de moda. De hecho, si preguntas en casa, sería el lugar elegido de forma unánime o, al menos, mayoritario. Reconozco que, en mi caso, el voto se verá muy condicionado a esa percepción que debe evitarse de ser el único disidente, siendo una propuesta globalmente admitida e ilusionante para todo el núcleo familiar. Aun así, no voy a negar que considero que nos pilla un poquito lejos y ese es un factor que puede desanimar en parte.
A pesar de dicho lastre de tipo geográfico, es cierto que hay una motivación vinculada con el conocimiento de una cultura milenaria muy diferente a la nuestra, algo que llama la atención, pero no sé si lo suficiente para tantas horas de avión que dan media vuelta al globo terráqueo. Piense lo que piense, me veo en la dinámica de tragar si la apuesta es firme y asumir lo que toca.
En un momento aún no definido habrá que rascarse los bolsillos, y a veces pienso que la afinidad con el país nipón tiene su sentido al residir en Barcelona. Gaudí ha logrado que nos sintamos muy familiarizados y próximos con los japoneses, al ver a tantos de turismo pululando por la ciudad y alrededores. Ya los vemos como una normalidad y, de forma directa, puede ser que se nos active ese sentir lógico de interés turístico recíproco y cruzado.
Pero, el país nipón, unos de los grandes baluartes de la sociedad capitalista desarrollada, no es para todo el mundo el destino preferido. Sin ir más lejos, el señor que preside el Gobierno de España, el chófer del Peugeot de la mafia que ahora tiene a todos sus colegas en los tribunales, parece que se decanta por la comodidad que le brinda la dictadura comunista del poderoso gigante chino.
Ser asiduo visitante de un país que dispone de un único partido hegemónico y en el que eso de la democracia suena a hemorragia, con un líder, el camarada Xi Jinping, que ya está en su tercer mandato consecutivo y que eliminó en 2018 la limitación del número de mandatos en el poder, debe ser un aliciente especial para un vanidoso con egolatría patológica.
Esperemos que más lecciones de comunismo, además de todas las que recibe de los que le rodean domésticamente, no nos lleven a un interés efectivo por replicar el modelo chino en España, algo que no dudo que ya habrá valorado. Espero que se quede satisfecho con ese control torticero del relato y de los medios de comunicación, con un sistema judicial arrodillado a expensas de sus intereses para servir de paraguas de control que evite daños o inconvenientes a su entorno corrupto.
Tras enfocar sus viajes a la República Dominicana, posiblemente para pensar en el futuro, y ser un reiterado visitante de ese país que él considera hermano, quizás con el móvil infectado por Pegasus como aliciente, ahora parece que la preferencia es asiática y el avión oficial de turno tiene programada su ruta a Pekín. Un destino que, en poco tiempo, ha visitado cuatro veces, tantas como las imputaciones de su esposa.
No creo que los viajes sean para gestiones gubernamentales, visitas protocolarias, incentivar la inversión china en España o para potenciar las relaciones comerciales. Parece mero turismo a gastos pagados, incluyendo en el paquete a su esposa. Deben aprovechar el momento y hacer uso de los beneficios que derivan de la condición de presidente, más sabiendo que la etapa toca a su fin y el aguante de los españoles viendo su esbelta figura liderando el Consejo de Ministros de España está ya amortizada.
Me sonroja escuchar esa milonga de que la consorte procesada ha sido invitada por los mandatarios chinos. Algo que me lo puedo llegar a creer, pero también me puedo imaginar la súplica camuflada y reiterada del gran manipulador para que ese sea el justificante de la inclusión de la Bego en la escapada. Yo apostaría por el carpe diem y, en paralelo, evitar la soledad en Madrid de quien vive un calvario judicial por sus conductas delictivas.
Sorprendentemente, tenemos a la “esposa del presidente”, como a ella le gusta referirse para que las puertas se abran a discreción, a miles de kilómetros. No deja de ser curioso y solo pido que pensemos lo que pasaría si fuese del otro bando político. Es fácil imaginar las caceroladas, las manifestaciones y el corrosivo agotamiento de los tiempos en los medios tutelados o bajo control del perímetro gubernamental.
Siento cierta pena por tanto esfuerzo del juez Peinado, que se ve agotando sus plazos en activo al estar al acecho su jubilación forzada. Ceder el testigo de esta causa, conocedor de la intromisión en la justicia del sanchismo (solo hay que ver al ministro del ramo avisando de que el tongo está a la espera de acontecimientos) debe ser frustrante. La estrategia de alargar plazos y ralentizar el proceso, a sabiendas de que el sustituto será más acorde a los dictámenes y directrices políticos de Moncloa, será fructífera. Ya nos venderán el relato de que todo se basaba en nada, en que era una persecución política por ser la esposa del número uno y toda esa batería de argumentos que solo verán los que no quieran ver.
Si al final, por arte de birlibirloque, se escapa el tema del control inquisitorial de los que creen que viven en Venezuela o China, ya sabemos que una posible condena efectiva habilitará el comodín del indulto que tanto le gusta aplicar a los allegados o, más probable si cabe, la interposición de un nivel judicial superior que cambie el rumbo de los acontecimientos al estar supeditado a la política sanchista. Tanto esfuerzo y dedicación apostaría que quedará en nada. No van a permitir que salpique. Ojalá me equivoque y ese pretendido jurado popular dicte sentencia y se cumpla, sin intervencionismo ni interés político alguno.
Está en juego la credibilidad de nuestro Sistema, en mayúsculas. Sí, como es previsible, la perversión de la justicia injusta y sesgada a la orden del sanchismo gana la partida, modulando los fallos a su interés y criterio, sin escrúpulos ni remordimientos, puede ser que el aprendizaje acumulado con tantos viajes a dictaduras comunistas amigas les haya servido para algo.
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