He consultado mi horóscopo para hoy; usted no lo creerá porque ya sabe lo racional que soy pero, insisto: por una vez lo he hecho. Sepa que hoy mismo “se va a abrir ante mí, de forma totalmente inesperada, un camino repleto de posibilidades con las que no contaba. Será mi oportunidad para hacer algo diferente, pero debo tener cuidado porque los miedos podrían paralizarme”.
Entusiasmado ante un futuro tan prometedor y abierto, he decidido consultar también las características de mi propia personalidad pensando en que conocerse uno mismo es esencial para orientar los pasos, evitar errores y conseguir la felicidad a la que se aspira. De este modo, he sabido –a mi edad- que tengo “una personalidad fuerte y atractiva”, que soy “simpático y humanitario, honesto, totalmente leal, original y brillante”, etc. Tantas cosas buenas que llenaría una página entera copiándolas (¡debe haberlo redactado un buen amigo!…); sin embargo, prosigue, “suelo esconderme bajo un aire frívolo, me cuesta hacer amigos y, si me engañan, mi furia es terrible”. Cuando me apresuro a mirar los aspectos relativos al amor y al dinero, compruebo que los patinazos son ya lamentables.
Sigo leyendo y caigo en la cuenta de que, en el fondo, dice cosas incompatibles entre sí: una cosa y la contraria, como el refranero y como aquel ginecólogo que predecía a los padres “Niño” y anotaba en una ficha “Niña” para poder desdecirse luego si reclamaban. Es más: consulto otros signos del Zodíaco y me veo igual de bien y de mal retratado que en el mío. Así cualquiera acierta… No creo nada en esto. Seguiré con mi pasión por la racionalidad y pueden pasar años hasta que vuelva a consultar mi horóscopo.
Son sistemas absurdos de creencias que provienen de la más remota antigüedad, que es como decir “de la más notoria ignorancia”. Ello no es obstáculo para que, pese a las refutaciones científicas, algunos hoy sigan creyendo que la posición y el movimiento de los cuerpos celestes pueden predecir acontecimientos o influir en la personalidad de los seres humanos, de forma homogénea dentro de cada uno de los doce signos. Hay quien añade a la lista de tan determinantes factores el lugar de nacimiento, y ¡mire!, ya he llegado a donde quería. Dios los cría y ellos se juntan.
Dios no nos cría nacionalistas, nacemos libres e iguales. En uso de esa libertad, algunos creen estar escogiendo “ser aún más libres políticamente” pero de hecho, escogen “creerse diferentes” (así se autoconvencen de que está justificado), pero ignoran que eso no libera más sino que esclaviza más.
Nacer -sin haberlo escogido- en una fecha determinada del año, al igual que nacer -sin haberlo escogido- en un determinado punto del globo, no son circunstancias que confieran a la personalidad de uno ninguna característica ni identidad especial. Decir que los aragoneses no son como los catalanes (o viceversa…, u otros casos) es tan absurdo como pretender que los nacidos bajo Sagitario son distintos a los de Leo. Otros muchos factores (y mucho más influyentes, si éstos poseyeran alguna explicación científica) son los que determinan cómo es uno, en qué se parece a su paisano y en qué se diferencia del forastero; más aún si se quiere de ello deducir una “identidad” (grandilocuente y tergiversable término). Según interese en cada momento: identidad colectiva (de muchos, son todos los “llamados” dentro de Cataluña) y específica (sólo de unos pocos dentro del “Estado”; un pequeño “pueblo escogido” en el mundo).
La educación es el más importante de esos factores, la exposición a los medios de comunicación social no se queda atrás, el ejemplo de las autoridades tampoco, los valores políticamente correctos del momento están también en esa línea, al igual que lo que expresa la presión social en el ámbito de la familia, el vecindario, la empresa y los amigos que rodean a uno.
Desde el primero de mis artículos llevo hablando de esto de una u otra forma; tal vez el quinto (titulado “Identidades múltiples”), del que aquí le facilito un enlace directo junto con mi recomendación de releerlo, sea el que venga más a cuento de mis reflexiones de hoy. Contiene diez párrafos con diez verdades como templos, cualquiera de las cuales desmonta el nefasto “hecho diferencial” y, por tanto, el pretendido fundamento del “procés”. Le deseo un feliz y lúcido año 2019.
[campana]
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