Artículo decimonoveno: acerca de un viaje a Copenhague

Escribo estas líneas al día siguiente de que acuda Puigdemont a la Universidad de Copenhague para pronunciar una conferencia que debió juzgar de sumo interés para su alumnado. La prensa ha dado buena cuenta del hecho y de su carácter mediático, que es en lo que está quedando todo este circo dada la escasez de sustancia de su discurso (útil sólo para dar lugar a artículos como éste, que no para ilustrar mente alguna…, ni danesa ni española). Creo, como muchos, que este viaje tiene una intención declarada y otra oculta que debe ser, lógicamente, la verdadera.

También creo, como todos, que pretende satisfacer a toda costa sus deseos de aparecer en prensa a diario, y que le es mucho más fácil reunirse con cualquier político independentista (que también desea algo de “cancha”) que con los demás políticos y autoridades (que nunca le hacen caso, aunque se esfuerce en disimular la frustración que esto debe -por fuerza- causar).

Como Bélgica con su Flandes, Dinamarca parece ejercer un atractivo especial para los secesionistas. No me sorprende porque, ya hace años, un colega danés me informó sobre el independentismo de las islas Feroe y de Groenlandia (a mil y dos mil kms. respectivamente, y con unos 50.000 habs. cada territorio). Seguramente muchos independentistas catalanes no saben esto y creen –quieren creer- que Dinamarca entera siente simpatía hacia sus pretensiones, además de ser el país de referencia con el que compararse mientras desprecian a España.

Me baso, para afirmar que no lo saben, en que al menos en una de las dos o tres ocasiones en que se ha producido en el Parlamento danés (ya sabe ahora el lector por qué) alguna pregunta o requerimiento sobre Cataluña muy valorada por los separatistas, aparecieron en ciertos lugares nuestros a modo de agradecimiento, banderas de Dinamarca y no de Feroe o Groenlandia. (Es como si Tardá tiene un gesto en nuestro Congreso con los independentistas de las Feroe y allí se lo agradecen colgando banderas rojigualdas en los balcones de Tórshavn. ¿Ve usted qué poco cerebro se le pone a este asunto en mi tierra?).

No es extraño que no se sepa porque los medios subvencionados por la Generalitat a que suelo referirme (los que ellos ven, escuchan o leen), ocultan estas llamativas circunstancias y también, por ejemplo, la imposibilidad de Puigdemont de contestar las preguntas de los profesores universitarios daneses (era imposible…); y que hoy no ha sido recibido en el Parlamento danés más que por diputados independentistas (pocos y manteniendo distancias); las autoridades –molestas- no han querido hacerlo… pero el numerito montado le permite decir que ha estado allí, que eso viste mucho ante los suyos…). Y ha venido pasando lo mismo en otros periplos por el extranjero pero no aprenden, ¿qué quiere usted que le diga?).

Puedo entender que necesiten los dirigentes secesionistas un modelo al que referirse y alabar, que así polaricen fácilmente las miradas de sus seguidores y les propongan comparaciones para que extraigan conclusiones rápidas, simples, facilonas; puedo entender que al ser tan frías y opuestas las reacciones de la Unión Europea y del otro lado del Atlántico, traten de disimularlo buscando el calor de otros independentistas. Pero deberían tener más cabeza y calcular el riesgo de reunirse en esos países con otro personal, pues cabe esperar que aparezcan personas como la profesora Marlene Wind que, aun desconociendo los detalles de la situación en España, le pongan a uno en verdaderos aprietos de los que sólo un caradura sale sonriendo.

Yo le oigo hablar constantemente de democracia, con mucho orgullo y poca sabiduría… estos dos elementos me recuerdan las pocas ilusiones que se hacía Henry F. Amiel en el s.XIX sobre la calidad democrática cuando concurriesen. (Por cierto, también decía que “la crítica convertida en sistema es la negación del conocimiento” y que “la locura es la ilusión elevada al cuadrado”; aplique esto al “procés” y ganará en comprensión del fenómeno).

Puigdemont ha dicho en Copenhague que “Cataluña es decisiva para el futuro de Europa” (más cuerpo para el mismo ombligo…, pienso yo enseguida; pero, mirándolo bien, tal vez al exceso de narcisismo no le falte razón: más le vale a Europa ayudar a sofocar este fuego, no sea que se extienda).

Ha preguntado “qué será de Europa, si no defiende sus valores” (lección muy oportuna para las autoridades europeas, tan faltitas ellas siempre…); ha añadido que “en ningún otro país europeo encontraríamos esta persecución que vive el Gobierno de la Generalitat” y que “la sombra de Franco es aún larga en España” (ya ve usted que se persigue no a presuntos delincuentes sino al Govern en pleno, y que la influencia de Franco le sobrevive ya más años de los que rigió nuestros destinos –de hecho, ya habrá comprobado también usted en estos días que el PP sigue siendo franquista pero el PDeCAT no tiene nada que ver con la corrupción de CDC-; últimamente no paramos de comprobar cosas…).

Tras la conferencia, todo esto lo entienden ya los daneses perfectamente. Y saben ahora (mejor lo saben los diputados de Feroe/Groenlandia que los demás) que “Madrid tiene que reconocer el triunfo independentista en las pasadas elecciones” (???) pero que “votar en Cataluña es inútil” (???); que él “no es provocador sino periodista” (???, abandonó filología catalana para dedicarse al periodismo -sin cursar tampoco esta carrera-); que ahora “es hora de negociar y de que acabe la represión para buscar una solución política al conflicto” (???); que lo que “está en juego es la idea de democracia en toda Europa” (???) y que “la UE comete errores al usar diferentes estándares según los países” (???); que Rajoy “viola los derechos fundamentales de los catalanes” (???); que él, sin embargo, está “comprometido con la paz, la no violencia y los derechos fundamentales”, que “está trabajando para volver” (???) y “dispuesto a hablar de alternativas que no tienen por qué pasar por la independencia” (???); que “podría hacerse un nuevo referéndum para votar en toda España” (???). Ya digo que los daneses lo entienden ahora perfectamente. Vamos que lo que digo es que lo entenderán ellos, porque yo lo entiendo cada vez menos…

Marlene Wind (experta en “derecho y UE”) le preguntó si “democracia es sólo hacer referendos o también respetar la legalidad, si la Constitución no fue votada en Cataluña y si el independentismo trata de librarse de la solidaridad con los pobres”. Puigdemont no contestó a nada de eso. Dijo respetar “a los catalanes que no quieren la independencia” (pero no lo hace, por ejemplo, cada vez que se refiere al pueblo catalán como un bloque monolítico), y aportó un fastuoso argumento para demostrar que “los catalanes no perderían la ciudadanía europea al independizarse ya que eso tendría lugar a partir de que España reconociese esa independencia, pero no antes” (no me digan que no es interesante la lógica que emplea el chico) y que “para que eso ocurra, han de haberse establecido unas fronteras con España mediante un acuerdo con ella, por lo que sería difícil entender que la UE no reconociera a Cataluña como estado miembro” (aquí es donde mejor se ve que tiene estudios –inacabados- de filología catalana que le permiten dar clases a la doctora, experta en “derecho y UE”), lamentando de paso que “el Estado no reconozca la dignidad de Cataluña” (aquí es donde se ve que la filología que aprendió llevaba incorporado algo más… algo más que sería una droga pero no, desde luego, sentido del ridículo). ¡Cataluña no es un circo!, clama la voz de Mariano Gomà.

Y encima… va y no le importa dar un par de besos a la bandera española diciendo que no tiene nada contra España ni su bandera (me recuerda a Junqueras cuando afirmó su “amor a España” micrófono en mano). Cierto es que también ha dicho que “entre presidente y presidiario, prefiere ser presidente”… Algo de sentido común va ganando con el tiempo, pero fíjese en el nivel por el que va…

Aquí el enlace al artículo anterior. La semana próxima trataré, ¡ya puestos!, del binomio secesión-derecho internacional.

Por Ángel Mazo

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