
Esta semana el Exmo. Sr. Don Manuel Marchena, una de las mentes jurídicas más privilegiadas que he conocido en mi vida, pronunciará la conocida frase “visto para sentencia”.
Para que ustedes me entiendan, un juicio, como cualquier otra actividad tiene sus normas y sus reglas. Vayamos a un ejemplo futbolístico, el partido que juega mi hijo en la categoría de cadete tiene las mismas reglas que la final de la Champions League. La diferencia está en que el primero lo vemos los padres de los jugadores y algún que otro despistado y la final de la Champions la ven millones de personas. Sobre el primero opinaran unos pocos y sobre el segundo todos los que lo ven por televisión.
Pero, ¿se imaginan ustedes opinando sobre la final de la Champions a gente que no ha visto en su vida un partido de fútbol, que no conoce las reglas de este maravilloso deporte?
Pues bien, esto ha pasado en el llamado juicio del ‘procés’. Auténticos ‘hooligans’, que no tienen ni la más remota idea de cómo funciona un juicio, se han permitido criticar a los profesionales que ahí estaban. Y no solo eso, sino que han aventurado que si el resultado no es el que ellos quieren, entonces es injusto y no vale. Vamos, como si el que no ha visto nunca un partido pero es incondicional de uno de los equipos dice que como no ha ganado el suyo, el marcador final no vale.
Pues miren, en el juicio llamado del ‘procés’, como en otros muchos juicios, el juez corrige a las defensas, a los fiscales, llama la atención a los testigos, a los que declaran, a los imputados o a los peritos y lo hace cuando lo considera necesario, y las partes formulan protestas y todos los que llevamos toga nos equivocamos o acertamos, pero lo hacemos lo mejor que podemos.
Solo una precisión, ya me gustaría a mí que siempre que intervengo profesionalmente tuviera las mismas garantías, el mismo trato y dependiese de la misma calidad técnica que en este juicio. Dicho sea desde el máximo respeto a la incuestionable profesionalidad de nuestros jueces.
José María Fuster-Fabra
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