¿Cómo es posible que un primer ministro europeo esté asumiendo el procesamiento de su mujer, que, evidentemente, se debe a su posición e influencia, y no sea capaz de salir al paso para descargarla de culpa y reconocer la falta total de ética que supone todo el comportamiento de su mujer, consentido por él, e independientemente de los probables delitos cometidos? ¿Cómo es posible que toda España conozca todos los vergonzosos pasos que ha dado su hermano, incluso con su furgoneta, arrancándosela, y él mismo viviendo en La Moncloa, además de haber sido definitivamente condenado hace pocos días, este catorce de julio, y que el presidente del Gobierno no dé la mínima explicación de un comportamiento así, independientemente de los delitos?
¿Cómo es posible que procesen a su fiscal general del Estado y diga, aun así, que es inocente, o que no dé explicación alguna a la condena de veinticuatro años de cárcel a su ministro de máxima confianza?
¿Cómo es posible la deshonra de la directora de la Guardia Civil y del máximo mando militar, imputados ambos, y tener que admitirlo los españoles como si nada pasara, así como la del ministro del Interior, mintiendo descaradamente en todo ello y regodeándose en la mentira? ¿Cómo es posible ese otro alto mando de la Guardia Civil presionando soezmente a un general de inferior rango con objeto de que menospreciara al Gobierno de Madrid?
¿Cómo es posible que se impute a la presidenta de la SEPI y a varios directivos, a la persona de su máxima confianza y amigo de Correos, a su segundo en el Partido Socialista y mullidor de acuerdos con prófugos y filoterroristas, y que dimita la directora general de la Agencia Tributaria, junto con otros dos altos cargos?
¿Cómo es posible que ayer, una vez más, el expresidente del Gobierno y ex primer ministro europeo, el imputado Zapatero, mintiera a todos los españoles en televisión y que el Gobierno cerrara filas con él, siendo el mismo que, además, es cómplice del presidente del Gobierno en la traición a Venezuela y a su lucha democrática?
¿Cómo es posible que el presidente del Gobierno deba su permanencia en el cargo a prófugos de la justicia, golpistas y filoterroristas? ¿Cómo es posible que nos gobierne quien se ha adueñado de su partido vía pucherazo y bebe en los procedimientos de los lupanares la manera de actuar en la vida?
Son decenas y decenas de preguntas más, todas de este grave tenor, y todas sin contestar. Por tamaña indignidad, de nuevo salimos a la calle, en medio del verano y de las vacaciones, como sociedad española, pues no nos vamos de descanso veraniego ante la gravedad de la hora que vive España.
Mañana, sábado 25, festividad de Santiago, patrón de España, haremos una lectura pública en Barcelona de la «Declaración de Cádiz», que recorre toda España desde enero —Cádiz, Sevilla, Alicante, Madrid, Granada, Santander…— para reafirmar los valores constitucionales y democráticos y denunciar a un presidente del Gobierno que ataca frontalmente a los jueces, al Estado de derecho, a la libertad y a la democracia, y que, rebosante de corrupción, no puede permanecer un segundo más en su cargo. Al día siguiente, en Marbella, el día 26, celebraremos una Marcha por la Dignidad para, asimismo, reivindicar nuestros valores democráticos y denunciar a un presidente del Gobierno indigno, pidiendo su dimisión y la convocatoria de elecciones libres y seguras.
Es paradigmático que tengamos que hacer todo ello en estas fechas de verano, cuando a nadie se le ocurriría, ni por asomo, salir unidos a protestar en una manifestación, pudiendo dejarlo para septiembre u octubre, pero teniendo la obligación de hacerlo ante la situación límite y de peligro que vivimos. Es tan grave que cualquier norma sensata, como la de no salir nunca a manifestarse en estas fechas de calor, queda superada por la excepcionalidad del momento, que transforma esta movilización en algo absolutamente necesario e imprescindible.
Jamás un primer ministro europeo se había aferrado al cargo con tan poca legitimidad democrática para hacerlo, y ello debe preocupar definitivamente a las instituciones europeas, que deberían denunciarlo de inmediato, en cuestión de horas, ante una situación de excepcionalidad democrática tan evidente como la que denuncia a diario la prensa internacional. ¡Los españoles no nos vamos de vacaciones y gritamos unidos, por encima de ideologías, por la dignidad de nuestra nación y por la dimisión inmediata del presidente del Gobierno!
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. Soria, 24 de julio de 2026
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