La sentencia y las propias sensaciones

Poco después de hacerse pública la sentencia del Tribunal Supremo de España han comenzado las comparecencias y las declaraciones de partidos y personajes públicos como políticos, y juristas y también de periodistas, especialmente los de plantilla de opinadores, los de cuota de la cadena de TV, los de cuota de los partidos en el poder y alguno que va por libre y que se cuela y al que reconoce porque rápidamente el coordinador impide acabar sus intervenciones o los demás hablan gritando, cuando este intenta decir algo.

ERC, por boca de Gabriel Rufián, parece que es el que mejor posicionado está para llevarse el premio de “creación de noticia” dada la importancia que le conceden a sus declaraciones de niño malo sentenciando, con gesto pretendidamente grandilocuente, que “En España ha muerto la democracia”.

En el apartado de bobadas es un buen ejemplo que solo compite con esa aparición estelar de Laura Borrás y Eduard Pujol (sin el del patinete que le vigila). Daba grima escucharlos en declaraciones en TVE1 mientras alguien iba traduciendo sus palabras del catalán al español con voz en off. Me preguntaba, en estos meses unos y otros, ¿no han podido preparar una declaración con más substancia y pizca de sentido común?

Otra presencia realmente curiosa es la de ese periodista, Enric Juliana, el autor del famoso editorial conjunto de la prensa en Cataluña, pontificando (su gesticulación me recuerda siempre al de un obispo bonachón con gastritis) en cuanto a lo que supone la sentencia y la respuesta posible. Uno que piensa que él y López Burniol, coautor del editorial citado, deberían pedir disculpas ya y reconocer que fue unos de los episodios más vergonzosos del periodismo en Cataluña, si es que eso era periodismo, más allá de pura propaganda de los aprendices de golpistas catalanes.

Otro momento emocionante ha sido la retransmisión en directo de Roger Torrent a uña de caballo hacia algún despacho en el parlamento catalán, que al verse filmado ha bajado la cabeza, mientras en comentarista en jefe decía que caminaba cabizbajo.

Como un buen café me esperaba ya creí tener bastante empacho ‘noticiable’ y recurrí a los servicios de noticias de los medios digitales y atender y leer declaraciones que importaban, la de Sánchez, por ejemplo, que ha encabronado al personal de la Cataluña inmortal, por no estar sentado a la espera de firmar indultos. También las de algunos juristas que han hecho algún comentario a algunos aspectos de la sentencia, que obviamente no he leído todavía, y que son contribuciones para entender mejor algunos de sus aspectos según vaya haciéndolo, y encontrar matices diferenciadores. Esto ayuda mucho a entender el trabajo de los jueces que tienen la referencia de la ley a la que se atienen, y el criterio creado por su experiencia para aplicarla, con las delicadas interpretaciones en concurso de todos.

Escuchar cantar en la calle a un grupo de manifestantes de la universidad lo de ‘Cataluña triunfant’ a todo pulmón, ya me ha puesto en modo reflexivo y si a ello se unen conversaciones múltiples, lecturas controvertidas y los recuerdos muy vivos de las más de 50 sesiones del juicio que, en un ejercicio de impresionante transparencia, todos pudimos seguir exhaustivamente en directo o acceder a las completas grabaciones del mismo.

Así cambio de tercio y dejo lo de la crónica del mirón por el esfuerzo del pensante, con perdón.

Hace tiempo que creo que lo de Cataluña es una tremenda estupidez, de aciagos resultados.

Hace tiempo que me adjudico una parte de culpa, por que cuando creía que ayudaba a la recuperación de Cataluña en colaboraciones como Asamblea de Cataluña, CCC y otras actividades de carácter social, no me percaté que estábamos haciendo el trabajo para que los reaccionarios lo aprovechasen. Y creo que somos muchos que nos sentimos utilizados o como un poco ‘tonto útil’ de los desvergonzados que van desde Pujol a Puigdemont, de los Barrera a Junqueras de los…

Creo que la culpa, muy mayoritariamente, la tienen los nacionalistas en Cataluña. Liderados por una caterva de sinvergüenzas han arrastrado a gentes de buena fe y sobre todo a muchos que sin nada que decir incluso sin nada que pensar y sin ninguna experiencia en el esfuerzo de luchar por ideas nobles, y a otros muchos oportunistas en busca de sueldo y prebenda.

Llevo tiempo con la sensación de lo que nos ocurre nos cuenta entenderlo a los que aquí soportamos y otros sufren duramente, las tropelías de los nacionalistas y sus dirigentes, personas de baja calidad democrática, o nula, con enormes complejos de inferioridad que enmascaran en un supremacismo lacerante y en una pobreza intelectual que convierte, casi todas sus manifestaciones, en insultos a la inteligencia.

Comprender nuestra situación fuera de nuestro territorio, en el resto de España, parece ya labor imposible, más allá de los que manejan información mínimamente seria y que la administran a su conveniencia, caso del gobierno y sus tácticas muchas veces incomprensibles, excepto para ellos y su estrategia electoral.

La Cataluña de los nacionalistas, la que dicen que es, simplemente es algo basado en mentiras y falsedades, en desconocimiento cuando no tergiversación de nuestra historia, una visión bobalicona de virtudes inventadas y de enorme mala fe de los más aprovechados que convierten a la comunidad en un ejemplo de avaricia y corrupción institucional, donde el ‘pueblo’ es usado mil veces para dar coartada a los gobernantes indecentes en su mala gestión y gobernanza indigna. Antes, según estos cínicos, para dar su vida en causas nobles reiteradamente a lo largo de siglos.

Los que hoy y en días venideros se manifestarán lo harán para reivindicar a unos facinerosos condenados por sus acciones. Muchos, fuera del criterio jurídico, los consideramos golpistas y traidores a quienes lucharon y a los muchos que quedaron en el camino por traer la democracia a este sufrido y maltratado país, que saliendo de una guerra incivil que a varias generaciones nos desazona su recuerdo, vuelven a las trincheras de la incomprensión y la bajeza moral.

Tengo enorme tristeza de leer y escuchar a otros amigos que desde posiciones compartidas en años, se sienten tristes cuando no agredidos, aunque no sean independentistas y jamás en su alma consentirán en acciones violentas o no, para el secesionismo que los penados, como cabezas visibles, pretendieron.

Por muchas, quizás demasiadas razones, nacido en Cataluña, siendo catalán, habiendo colaborado sin dudar en la reivindicación del reconocimiento de la lengua que también es mía, me siento cada vez más alejado de todo los que pretenden algunos y apoyan demasiados, que dicen es Cataluña, no la reconozco en la expresión de los nacionalistas, no la entiendo como balbucean los catalanistas. Me siento lejos de toda reducción de patrias y pueblos y cerca de la gente normal y que mira a los demás, reconociéndolos como iguales.

¡Caray lo que hace decir una sentencia!

José Luis Vergara. 14 octubre 2019


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