
En unos días fondeará en Valparaíso (Chile) el buque escuela de la Armada Española Juan Sebastián Elcano, en su periplo marítimo en 2025 con tripulación y guardiamarinas en formación militar. Fue en Valparaíso en 1939, el 2 de septiembre, cuando el Winnipeg, el barco que Neruda había fletado, llegaba con los más de dos mil españoles acogidos por el gobierno de Aguirre Cerda, al final de nuestra guerra. Muchos rescatados por el gran poeta universal, de los campos de internamiento del sur de Francia, donde habían sido encerrados en condiciones durísimas para su supervivencia, después de cruzar la frontera abandonado su país.
Allí al día siguiente desembarcaron y fueron atendidos para controlar su salud y darles los auxilios precisos. El médico que se encargaba de ello y atendía solicito a los españoles era un joven de 31 años, se llamaba Salvador Allende Gossens. Poco tiempo después fue nombrado Ministro de Salubridad por el presidente Aguirre Cerda. Es el mismo que en 1970 fue elegido como Presidente de Chile.
Allí en unos días arribará Leonor de Borbón, como guardiamarina en formación después de una escala en otro puerto chileno, Punta Arenas. Ella, la infanta, ostenta el título de Princesa de Asturias como históricamente los herederos a la Corona de España.
Así Valparaíso desde la distancia en la que escribo, en Barcelona, España, me ha llevado a pensar en los dos personajes representativos en la pasada historia y en la futura, de las dos naciones hermanas a las que los exilios hermanaron aún más si cabe.
Nuestra gente al final de una terrible contienda entre hermanos a la que llamamos civil, cuando lo más incivil posible es pelearnos para luego tantos, demasiados años, restañar nuestras profundas heridas. Esos fueron los que algunos llegaban a Valparaíso entonces y de ellos la mayor parte en Chile se quedaron y rehicieron sus vidas
En 1973, treinta y cuatro años después éramos nosotros quienes recibimos a chilenos que buscaron en nuestra tierra refugio y acogida. Algunos aquí no recordaban lo del 1939, quienes teníamos noticia y conocimiento de ello siempre pensamos que lo hacíamos en justa reciprocidad. Son cosas de los pueblos, de las gentes, donde la solidaridad se da o aflora como uno de los valores fundamentales de los humanos. A veces, como en los dos casos, provocado por todo lo contrario, por la necedad y la maldad.
Sepan los chilenos que muchos seguramente aquí ignoraban la situación geográfica de su país o tenían dificultades de situarlo en el mapa. Supongo que allí a los chilenos les pudo ocurrir también. Pero una geografía de mayor abarcamiento lo suplía, aquella que se crea con una lengua común que nos hace fácilmente sentirnos ser los mismos, sentirnos cercanos y deseosos de conocernos.
Las experiencias trágicas, los exilios dolorosos nos han hecho, quiero creerlo, más hermanos. Uno conoció a bastantes, con los que trabajamos codo con codo, nosotros salíamos de una dictadura cuando ellos iniciaban la suya. En largas charlas constatamos como nuestros problemas eran conocidos allí y como nunca nos olvidaron durante aquellos años que un poeta describió como “larga noche de piedra”.
Supimos de sus experiencias, de cómo se habían roto sus mejores sueños y en aquel 73 también muchos de nosotros con anhelos de libertad y de justicia vivíamos su desgracia como propia. Y también recibimos a españoles que hacían nuevamente el viaje en sentido contrario en un segundo exilio en regreso a su patria.
Pero ahora en 2025 esto son recuerdos, sobre todo de situaciones y de amigos que las dolorosas circunstancias nos regalaron. Hoy Chile y España, con las dificultades que podamos tener, vivimos en libertad y la llegada de nuestros marinos a Valparaíso en visita de cortesía, es sobre todo de cariño y aprecio.
No sé si dentro de unos años cuando se nombre Valparaíso alguien recordara las arribadas tan diferentes de españoles allí. Quiero pensar que sí, que las generaciones futuras mantendrán memoria y si alguien leyera están notas detectase el sentimiento que las han inspirado esta madrugada, donde las remembranzas exilian el sueño para pensar en amigos y en el buque con todo el aparejo al viento en el que desearía navegar para abrazar a los amigos que tengo la gran suerte de tener allí.
Dedicatoria. A esos muchos amigos y amigas que estuvieron aquí y regresaron a su casa. De forma muy especial a quienes representaron a Chile con enorme dignidad cientos de veces, en todos los rincones de mi patria, a la que también hicieron suya y siguen haciéndolo incansablemente con su música y testimonio de amor a la libertad, a los derechos cívicos y humanos y a la convivencia, a ellos mis amigos/hermanos, a los que llamamos QUILAPAYUN.
José Luis Vergara. Marzo de 2025
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