Dámaso Alonso le dirigió su tesis doctoral en Filología. Fernando Lázaro Carreter entendía que el mejor negocio del mundo es hablar bien, con propiedad. Dirigió la Real Academia Española durante ocho años (un sueldo de 93 pesetas al trimestre).
Ya jubilado no tuvo empacho en confesar que una vez se quedó como fulminado por un rayo cuando se percató en pleno discurso de un error que acababa de soltar: “Santa Teresa fue ‘testiga’ de…”. Al recordarlo, dijo que nadie pestañeó pero que él se sintió “como si hubiera dormido en algún cabaret con una señora rubia y espléndida y me descubrieran”.
Su libro El dardo en la palabra fue un superventas. El lenguaje era para él la piel de nuestra alma. Hace veinte años le preguntaron si algún político le merecía respeto por su competencia lingüística, el catedrático contestó: “respeto, todos; por su competencia lingüística, ninguno”.
En 1976 escribió el artículo ‘Y/O’: “Si esta sandez progresa, dispongámonos a asistir a una merienda en que nuestra anfitriona nos pregunte: ¿Quiere usted chocolate y/o leche?”. Tres opciones a la vez: “-si queremos chocolate; -si queremos leche; -si queremos chocolate y leche, simultáneamente”. Lázaro Carreter sostenía: “¿No es hermoso? Pues esto empieza ya a leerse y hasta oírse en castellano, sin que a los usuarios les estallen las mejillas de rubor”.
Miquel Escudero
[campana]
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