Dirigente de Societat Civil Catalana, Joaquim Coll es ensayista y doctor en Historia. Claro y veraz, no teme recibir desdenes por no comulgar con ruedas de molino. Es colaborador habitual en los medios escritos y argumenta bien y con rigor. Hoy quisiera referir su artículo Las violencias del ‘procés’, publicado en El País.
Coll distingue diversas formas de violencia que quedan soterradas en las mentes ingenuas, no digamos en las sectarias. En efecto, la violencia directa y física de la carrerbarroka ‘cupaire’ culmina la violencia verbal contra los adversarios, ejercida con intensidad y resonancia mediática.
Pero también la violencia institucional que vulnera el juego limpio de la neutralidad de las entidades cuya sola razón de ser es la integración: Poderes locales, sindicatos, universidades, colegios profesionales. Todo ello precedido por una intimidación simbólica en la calle, que busca la sensación de unanimidad y proclama que todo está decidido.
Joaquim Coll sostiene que “el procés arrancó con una fuerte invasión de símbolos independentistas en los espacios y edificios públicos que, por definición, son de todos” y que las administraciones no tienen derecho a ser partidistas. Tal invasión comenzó en 2012 y fue consentida. Gravísimo error de omisión, y hay errores que los pagamos todos.
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