Pocos saben de este nombre, menos aún el suyo original: Bernhard Valvrojenski; lituano y nacido en 1865. De niño, su familia se trasladó a los Estados Unidos huyendo de leyes antisemitas.
Con los años volvería a Europa y se haría experto en el arte italiano. Pero también se hizo multimillonario, sabiendo comprar y vender obras de arte, lo cual era compatible con su entusiasmo artístico.
Así, propugnaba mirar repetida e intensamente un cuadro magistral hasta encontrarse viviendo dentro de él durante unos instantes. No le gustaba la unanimidad y le desagradaban las representaciones callejeras: “Me parecen tan fraudulentas como un cuadro falso”. Esto expresaba con 83 años, en el librito Ver y saber (Elba).
Reconocía que la comunicación se basa en convenciones, que deben ser aceptadas como tales y no como verdades. Y señalaba que desde niños, revestimos los objetos, animados o no, de formas genéricas que hemos ido almacenando en la mente. Bernard Berenson sostenía que el término arte abstracto es un oxímoron como lo son dureza blanda, humedad seca o calor glacial.
Miquel Escudero
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