Es uno de nuestros políticos más cultos, autor de unas interesantes memorias en tres volúmenes, pero sobre todo ha sido una de las personas que durante un período más poder tuvo en España. Vicepresidente del Gobierno durante diez años, a la sombra de Felipe González controlaba con puño de hierro el PSOE. Es un nombre fundamental en el desarrollo con que se gestó la Constitución, fruto del consenso (renuncias de todos para alcanzar un acuerdo general).
En su reciente libro La España en la que creo (La esfera de los libros), Alfonso reivindica el espíritu de la Carta Magna como consagración de la libertad y entierro de una época de infortunios y discriminación. Y lo hace con pasión, con lucidez, con enérgica argumentación. Y formula: “reforma de la Constitución, no; reformas en la Constitución, sí”.
Entiende, igual que Fernando de los Ríos, que nuestra revolución pendiente es la del respeto. Así, arremete contra los partidos termiteros que buscan arrastrarnos al enfrentamiento y desmontar el Estado de Derecho, que buscan crear problemas y no resolverlos. Es hora de superar de una vez por todas, la niebla del franquismo.
Alfonso Guerra sostiene que: “las personas con pensamiento libre y abierto no pueden seguir regalando el concepto de España a los sectores más reaccionarios. España es de todos”. Totalmente de acuerdo.
Miquel Escudero
[campana]
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