
Lo del PSC ya comienza a ser de traca. Puedo entender, aunque me desagraden, desde un punto de vista del análisis político y de mantener el poder, muchas de las cosas que están haciendo tanto ellos, como sus correligionarios del PSOE. No comparto, y de hecho pienso que son errores graves, gran parte de sus últimas decisiones, como el acuerdo con Bildu, el dar barra libre a Pablo Iglesias para tensionar al máximo el clima político o el jugar a la yenka con ERC y Ciudadanos. Insisto, no las comparto, pero, desde un punto de vista de lo que es la política actual, totalmente enfangada, al menos entiendo la lógica.
Incluso una decisión tan controvertida como el pacto de gobierno en la Diputación de Barcelona, moralmente cuestionable al tener como socios a los golpistas de Puigdemont y Torra, al menos se comprende: esta área la gestiono yo, esta otra la llevas tú y los dos contentos. Ok, cambio de cromos, lo que es la pequeña política desde que el ser humano se dotó de una forma de gobierno.
Pero lo que hizo este viernes el PSC en el pleno municipal de Barcelona es una marcianada, un boomerang que le acabará golpeando en su cara. Les doy los detalles: Esquerra Republicana decide humillar públicamente al hombre que evitó que la alcaldía fuera suya, Manuel Valls, y que posibilitó que los comunes y los socialistas sumaran los votos necesarios para instalarse en el gobierno de la ciudad.
Con la excusa de una sentencia internacional ERC propone en el pleno municipal, para ‘señalar’ a Valls y darle un bofetón moral, una declaración institucional criticando el desalojo de población gitana rumana que hubo en Francia en 2013, mientras el actual regidor de Barcelona pel Canvi era ministro de Interior en el país galo. Vamos a detenernos en este hecho. Esquerra, la del partido supremacista que tuvo como líder a un racista de manual como Heribert Barrera, va dando lecciones a los demás.
Sí, la formación cuyo líder actual -Oriol Junqueras- distingue entre la «genética» española y la catalana, va reprochando el «racismo» de los demás. Por cierto, Junqueras en un artículo publicado en Vilaweb en 2012 bajo el título Estel de tramuntana, consideraba a Barrera un “faro” y un “ejemplo a seguir”.
El grupo municipal socialista que dirige Jaume Collboni apoyó esta declaración de reprobación, que aunque no contenía el nombre de Valls en el texto quedaba claro qué buscaba y a quién apuntaba. De hecho, la portavoz de ERC no se cortó y directamente apuntó al ex primer ministro francés en el discurso de defensa de la moción.
El PSC ha cometido un error de libro. Fueron señalados como «malos catalanes», «traidores» y «botiflers» por el pujolismo desde 1980. Y cuando llegó el ‘procés’, tanto ERC, la CUP como JxCAT les han tachado de «carceleros», «colonos» y «los del 155». Vamos, que los socialistas catalanes han sido ‘señalados’ por los nacionalistas en miles de ocasiones. Y no se les ocurre otra cosa que ser cómplices de Esquerra Republicana y JxCAT para estigmatizar a Manuel Valls.
La próxima vez que cualquier alcalde separatista del Pla de l’Estany, la Cerdanya, o cualquiera de las comarcas en las que el secesionismo radical campa a sus anchas, proponga una moción en la que insulte a los socialistas catalanes llamándoles «opresores», «liberticidas» o directamente «franquistas», espero que la actual cúpula del PSC se acuerde de Manuel Valls. Se han apuntado a la barra libre de insultos, y una vez que esta comienza, no acostumbra a acabar nada bien. Y el separatismo ha demostrado su capacidad de utilizar las mayorías que consigue en las instituciones para estigmatizar a los que no piensan como ellos.
Sergio Fidalgo es director de elCatalán.es
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