El idilio gratuito del PSC con los usuarios de Rodalies tiene fecha de caducidad inmediata. A partir del próximo 9 de mayo, los ciudadanos volverán a pasar por caja para utilizar un servicio que sigue lejos de la excelencia prometida. La decisión, anunciada por la consellera Sílvia Paneque, supone el fin de una medida de gracia que apenas ha durado tres meses tras el trágico accidente de Gelida.
La gestión del Govern socialista vuelve a priorizar la recaudación sobre la calidad real del transporte público. Paneque justifica el fin de la gratuidad bajo el pretexto de una supuesta «mejora progresiva» en las líneas ferroviarias. Sin embargo, la realidad a pie de andén contradice el optimismo oficial de la Generalitat, que parece vivir en una burbuja ajena a las incidencias diarias.
El Ejecutivo catalán se escuda en cifras técnicas para retirar la bonificación total a los viajeros. Según el PSC, se ha recuperado ya el 90% del pasaje habitual y se garantiza el 96% del servicio programado. Estas estadísticas ignoran las constantes demoras y las deficiencias estructurales que todavía lastran la red de Rodalies en todo el territorio.
La consellera defiende que ya no son necesarias medidas excepcionales, pero el mapa ferroviario dice lo contrario. A día de hoy, todavía persisten planes alternativos de transporte por carretera y limitaciones de velocidad significativas. Los túneles del Garraf, un punto neurálgico para la movilidad, siguen siendo un foco de afectaciones derivadas de obras inacabables.
El fin de la gratuidad el próximo sábado evidencia la prisa del PSC por normalizar una situación que es, a todas luces, deficiente. Los abonos gratuitos dejarán de ser válidos el viernes 8 de mayo, cerrando una etapa que comenzó por pura necesidad tras el caos de enero. Aquel accidente mortal obligó a suspender la circulación y desnudó las carencias de una red abandonada por la inversión estatal.
Para el usuario medio, la decisión de Paneque es un jarro de agua fría que llega antes de tiempo. No se entiende que se exija el pago íntegro del billete cuando las obras de emergencia y los cortes siguen condicionando los horarios. El Govern parece más preocupado por cuadrar las cuentas que por compensar a los ciudadanos por los perjuicios sufridos estos meses.
La falta de fiabilidad de Rodalies es una herencia que el PSOE en Madrid y el PSC en Barcelona comparten con escasa autocrítica. Retirar la gratuidad sin haber resuelto los problemas de fondo es una maniobra política que busca pasar página rápidamente. Se intenta vender una normalidad estadística que no se traduce en una mejora real del bienestar de los pasajeros.
Cataluña vuelve a la casilla de salida en materia ferroviaria: pagar por llegar tarde. La «mejora progresiva» de la que presume el Govern es un concepto elástico que no convence a una ciudadanía cansada de promesas incumplidas.
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