La sucesión de apuñalamientos registrados en las últimas semanas en Cataluña ha dejado de ser una preocupación difusa para convertirse en una evidencia incómoda para el Govern. Bajo la presidencia de Salvador Illa, el relato de estabilidad choca con una realidad marcada por episodios violentos que se repiten con inquietante frecuencia, especialmente en entornos urbanos como Barcelona. A pesar de los intentos de los socialistas de desviar la atención, buena parte de ellos son protagonizados por extranjeros.
El Ejecutivo del PSC ha optado por una estrategia de contención discursiva, apelando a estadísticas globales que, aseguran, no reflejan un repunte estructural de la criminalidad. Pero los heridos y los asesinados se acumulan ante la impotencia del Govern. Los ejemplos se suceden con una cadencia difícil de ignorar. Este sábado, una mujer ha sido asesinada a plena luz del día en la vía pública de Esplugues de Llobregat. El agresor utilizó un arma blanca para acabar con la vida de la víctima antes de intentar huir del lugar.
Y un enfrentamiento entre dos grupos en l’Hospitalet de Llobregat dejó al menos a dos hombres heridos sobre las 23.45 del viernes. Uno de ellos se encuentra en estado grave tras recibir varias puñaladas en distintas partes del cuerpo. El otro fue detenido por los Mossos d’Esquadra después de huir del lugar y acudir por sus propios medios a un hospital.
El 30 de abril, un hombre fue apuñalado en plena Plaça de Catalunya, en el centro neurálgico de la capital catalana. Apenas unos días antes, durante la celebración de Sant Jordi, otro individuo resultó herido tras un ataque con machete en la calle Diputació.
La inquietud no se limita a la superficie urbana. El 9 de abril, un apuñalamiento en un tren de la línea R1, entre Santa Susanna y Pineda, obligó a interrumpir el servicio ferroviario y generó escenas de pánico entre los pasajeros. Ese mismo fin de semana, un hombre murió tras ser atacado con arma blanca en Barcelona, en el distrito de Sant Andreu, en un suceso que acabó con un detenido por homicidio. A ello se sumó una pelea multitudinaria en el metro, en la estación de El Coll i la Teixonera, que dejó un herido y más de una decena de detenidos.
Según datos de los Mossos d’Esquadra y recuentos publicados por distintos medios, el uso de armas blancas en reyertas, robos y agresiones ha ganado protagonismo reciente. Aunque no todos los casos responden a un mismo patrón, sí comparten un elemento común: la facilidad con la que estos instrumentos están presentes en conflictos cotidianos que escalan en violencia.
El Govern defiende su gestión y pide evitar el alarmismo, pero la acumulación de casos y su impacto mediático complican esa estrategia. La seguridad no es solo una cuestión de estadísticas, sino también de percepción y confianza. Y en ese terreno, la oleada reciente de apuñalamientos ha abierto una grieta que el Ejecutivo catalán aún no ha logrado cerrar.
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