Pau Ferran y Hugo Manchón se han consolidado como dos de los perfiles más incisivos dentro del Parlament para frenar la deriva nacionalista que el PSC de Salvador Illa ha decidido heredar. En un contexto donde la Generalitat parece una extensión de los intereses de Moncloa, ambos diputados ejercen una labor de contrapeso necesaria frente a la parálisis institucional. Su actividad no es mera retórica; representa la vigilancia constante sobre un Govern que, bajo una apariencia de gestión técnica, mantiene intactas las estructuras ideológicas del ‘procés’.
La labor de Pau Ferran destaca por su frontalidad contra los excesos del independentismo en diversos temas como la política lingüística, cultura y deportes, un auténtico tridente de la propaganda del secesionismo. Ferran ha convertido su escaño en una trinchera contra la exclusión del castellano, denunciando que el PSC ha claudicado en la defensa de los derechos lingüísticos de las familias catalanas. Sus iniciativas parlamentarias buscan poner en evidencia la alianza del PSC con el secesionismo en estos temas tan sensibles.
Sus argumentos para defender el uso libre de la lengua española en Cataluña, basados en la libertad de elección y el bilingüismo real, han dejado en evidencia la incomodidad de un PSC que prefiere no molestar a sus socios separatistas para asegurar la estabilidad de Pedro Sánchez. Sin olvidar una reciente intervención suya en el Parlament en el que denunciaba el doble rasero socialista, dado que el PSC criticó los pitidos al himno de Egipto cuando se produjo en un partido de la selección en el RCDE Stadium, pero calló – y sigue callando – de manera cómplice cuando se pita el himno nacional en los estadios de fútbol por parte de seguidores separatistas.
Por su parte, Hugo Manchón ha centrado sus esfuerzos en fiscalizar el aparato de propaganda en que se ha convertido la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuales (CCMA). Manchón ejerce un control exhaustivo sobre TV3 y Catalunya Ràdio, denunciando la falta de pluralidad y el sesgo constante a favor de las tesis gubernamentales. Para el diputado, la radiotelevisión pública no es más que un altavoz subvencionado que ahora sirve para blanquear la gestión de Illa mientras mantiene el discurso soberanista.
Las propuestas de Manchón en las comisiones de control han sido directas: reducción de gasto superfluo y neutralidad informativa rigurosa. Ha criticado con dureza la contratación de productoras afines y la presencia de tertulianos que actúan como comisarios políticos del tripartito encubierto. Su trabajo de fiscalización ha provocado reacciones airadas en la dirección del ente público, lo que demuestra que sus denuncias están tocando los puntos más sensibles de la estructura de poder nacionalista.
El papel de Manchón es fundamental para entender cómo el PSC utiliza los medios públicos como moneda de cambio política. Al señalar el uso de TV3 y Catalunya Ràdio para que socialistas y separatistas difundan su propaganda política, el diputado pone de relieve la vulnerabilidad de la democracia en Cataluña cuando la información se pone al servicio del poder. Sus críticas no solo van dirigidas a la gestión económica, sino a la falta de ética periodística en unos medios que ignoran sistemáticamente a media Cataluña.
La coordinación entre Ferran y Manchón representa un frente sólido contra el conformismo parlamentario que intenta imponer el PSC. Mientras unos negocian cuotas de poder, estos diputados se centran en los pilares que sostienen la identidad democrática: el uso libre de español y catalán y la información veraz. Su labor de oposición es hoy el principal obstáculo para que el socialismo catalán culmine su mimetismo con el independentismo más radical, manteniendo viva la voz de quienes exigen una Cataluña abierta.
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