Cataluña se desliza por una pendiente peligrosa mientras el Govern de Salvador Illa parece observar los toros desde la barrera. El pasado fin de semana no ha sido una excepción, sino la confirmación de una tendencia alarmante. La delincuencia no da tregua y la respuesta institucional brilla por su ausencia. Tanto el Partido Popular como VOX han denunciado no solo ayer, sino en los últimos meses esta deriva del Govern, incapaz de detener la oleada de crímenes.
Ahora ha sido Josep Rius, portavoz de Interior de Junts, el que ha denunciado que la seguridad en Cataluña y Barcelona se está descontrolando bajo la gestión socialista. El balance de varios apuñalamientos y delitos violentos en Barcelona, Esplugues y L’Hospitalet – todas ellas gobernadas por el PSC – en apenas cuarenta y ocho horas es desolador y retrata una realidad que el PSC prefiere maquillar.
Rius suena como alcaldable de Junts en Barcelona, y está acelerando su particular campaña electoral para ganar la partida al otro candidato de esta formación, el regidor Jordi Martí. Puigdemont ha de decidir a quién escoge y Martí, que ejerce de líder de la formación en el consistorio de la capital catalana, está perdiendo fuelle ante Rius.
Esta operación de imagen de Rius tiene un origen real: cinco incidentes graves han sacudido el área metropolitana en un tiempo récord. El uso de armas blancas y de fuego se está convirtiendo en una macabra rutina en nuestras calles. Esta escalada de violencia evidencia una falta de liderazgo preocupante en el Palau de la Generalitat y en el Ayuntamiento de Barcelona.
El episodio más dramático ocurrió en Esplugues de Llobregat con una mujer degollada por una persona de origen marroquí a plena luz del día. El suceso ha dejado una profunda herida en la conciencia colectiva y subraya la vulnerabilidad de la ciudadanía.
Barcelona tampoco respira tranquila bajo el mandato de Jaume Collboni. La capital catalana sigue siendo el epicentro de una inseguridad que el alcalde no logra atajar con parches estéticos. La coordinación policial brilla por su ausencia mientras los delincuentes ganan terreno en los barrios. El 30 de abril, un hombre fue apuñalado en plena Plaça de Catalunya, en el centro neurálgico de la capital catalana. Apenas unos días antes, durante la celebración de Sant Jordi, otro individuo resultó herido tras un ataque con machete en la calle Diputació.
Sin tiempo para procesar el crimen de Esplugues, el lunes arrancó con un tiroteo en l’Hospitalet de Llobregat, gobernada por el socialista David Quirós. Los disparos generaron el caos entre los vecinos a primera hora de la mañana. Los autores del tiroteo se refugiaron en un local nocturno, obligando a un despliegue policial masivo. El viernes a las 23:45 hubo un enfrentamiento entre dos grupos en l’Hospitalet qye dejó a dos hombres heridos.
Esta sucesión de hechos delictivos demuestra que la delincuencia se siente impune en el actual marco político. La falta de una estrategia clara contra la multirreincidencia y el uso de armas está pasando factura. El Govern de Illa parece más preocupado por la retórica que por la protección real de los catalanes.
El modelo de seguridad de la izquierda catalana hace aguas por todos los costados. Se confunde la prudencia con la inacción y eso solo beneficia a quienes deciden saltarse la ley. Los ciudadanos no pueden vivir con el miedo a ser testigos de un tiroteo al salir de casa.
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