La cuestión de la corrupción ha llegado a tal grado de perversión y depravación que es difícil calificar con más palabras esta situación. Una organización criminal que, por supuesto, es perfectamente conocida por el presidente del Gobierno. No solo conocida, sino que se denuncia a diario que él conocía, asentía, callaba, no se acordaba o no le constaba; y, cuando todos los españoles hemos conocido y escuchado cómo era acusado como el número uno de la trama criminal en el mismísimo Tribunal Supremo, no ha denunciado formalmente dicha extrema y gravísima acusación.
Hemos visto ya a todos los del famoso viaje encausados; a su mujer y a su hermano también, y a su Gobierno igualmente. ¿Cómo es posible que no tenga la mínima decencia para pedir múltiple perdón y rogarlo todos los días, además de presentar su fulminante dimisión?
Su mujer, además, ha sido llamada estos días como última novedad para declarar ante la Fiscalía Europea; el Parlamento Europeo vuelve a denunciar los ataques al Estado de derecho; está legalizando ilegalmente a quienes han entrado en España de manera irregular y, además, otorgando beneficios a quienes están preventivamente en las cárceles y, por otro lado, propiciando nacionalizaciones fraudulentas y corruptas. Y todo lo anterior con una arbitrariedad y un oscurantismo absolutos, donde, por ejemplo, Europa dice que no admitirá ese proceder de España y devolverá a todos los ilegales que sean legalizados de ese modo. Sin Parlamento que le apoye, sin presupuestos y sin legitimidad alguna ya, está asaltando, cual cuatrero, la democracia.
El Tribunal de Cuentas blinda las subvenciones de Bildu pese a llevar etarras y sangre en sus listas, de lo que este infame Gobierno no habla. Se descubre estos días que se están pagando pensiones con fondos europeos.
El miércoles, el fiscal Sr. Luzón expresó claramente el peligro que se cierne sobre nuestra democracia y que hay que evitar la ley del silencio que tapa la corrupción en plenos órganos del Estado. Todo ello dicho en sede del Tribunal Supremo. Nunca esta denuncia tan expresa de la gravedad de la situación que vivimos se había hecho de esta manera y en la sede del Tribunal Supremo, dejando perfectamente enunciado y descrito también lo que no dijo.
¿Cómo es posible que un primer ministro europeo, pleno conocedor de esta situación, cuando esta semana se juzga a dos de su clan del coche, no condene este ejemplo que se juzga y no colabore con la justicia para esclarecer las mentiras de los juzgados? Si no lo hace, ¿cómo es posible entonces que no los defienda, siendo personas de su plena confianza?
¿Qué extrema vileza puede practicar para tampoco defender a su mujer y no querellarse por las mentiras publicadas sobre ella, si es inocente, o, en su caso, siendo culpable, no tener la mínima dignidad para corresponsabilizarse? Y con su hermano… ¿por qué no hace exactamente lo mismo?
¿Cómo es posible tanta miseria y cobardía en un jefe de Gobierno? ¿Qué les ha dicho?… “Aguantad, que después yo os indulto o le pido al Constitucional que vea la fórmula para que nada os pase”. ¿Les ha dicho eso aplicando las normas de la dictadura de Maduro, pero corregidas y aumentadas, y, por tanto, dando ya definitivamente el macro golpe de Estado?
Y aun así… aun con todo eso… ¿tiene no solo la indecencia por bandera, sino la suciedad más abyecta por norma, como para utilizar a su mujer y a su hermano como conejillos de indias, haciéndoles pasar el calvario —aunque calvario de aprovecharse de su marido y hermano para delinquir—, ya que esa es la única manera de protegerse él mismo de ser el jefe máximo de la corrupción?
No se atreve a decir nada; no se atreve a defender a su familia, a sus ministros y a su partido de la lacerante corrupción criminal. No se atreve a desmentir las imágenes del pucherazo que han visto todos los españoles, engañando a su organización. ¡Qué engaño total, qué fraude, qué desvergüenza!
¡Dimisión irrevocable y elecciones libres y seguras, por el bien de España y de Europa entera! Instituciones europeas, denuncien públicamente esta indignidad para las propias instituciones que presiden y esta indignidad tan tremenda que no merecen los ciudadanos europeos.
Amalio de Marichalar. Conde de Ripalda. 8 de mayo de 2026
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