A Puigdemont se le acaba el tiempo, o monta un buen lío que impida que los militantes de Esquerra voten a favor del pacto con los socialistas, o pasará a la irrelevancia. El acto que Junts celebró el sábado en el sur de Francia, que debía servir para presionar a Marta Rovira, fue patético, poco más de mil quinientas personas, la mayoría de edad avanzada, más interesados en la comida de hermandad que se celebró que en los mitines.
Salvador Illa se acerca a la presidencia ante una Marta Rovira y un Oriol Junqueras que están locos por pactar por el PSC. Solo necesitan la excusa suficiente para no quedar como unos vendidos que regalan la Generalitat a los socialistas por un plato de lentejas. Y el Gobierno y el PSC llevan un par de semanas de gesto en gesto.
La entrevista masaje que Rovira recibió este domingo en el diario fetiche del PSOE, ‘El País’, es una muestra más del mimo con la que los socialistas tratan a este partido separatista golpista. O Carles Puigdemont viene ya a España, provoca su detención e intenta que su paso por prisión reviente – y no es seguro que sea así – las negociaciones entre PSC y ERC, o pasará a la papelera de la historia.
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