¿No les da vergüenza?

Como ya he expresado en numerosas ocasiones, para este circo del secesionismo el ridículo no tiene límites y la vergüenza no existe. Ayer el equipo de “clowns” volvió a escenificar otra de sus magistrales obras, cercenando nuevamente la legalidad de todos y dilapidando toda esperanza de que impere el raciocinio y se recobre la salud mental, seriamente deteriorada, de esa panda de fanáticos.

Ni siquiera la desagradable situación vivida con los atentados recientes ha mitigado un ápice una postura hostil y fascista que, por desgracia, algunos vivimos muy de cerca en la manifestación del pasado sábado anti-España. Me niego a definir la cita del 26A, visto el espectáculo y cómo algunos fuimos expulsados de la marcha por ir “contra el terrorismo”, en otro sentido diferente a ese.

El mundo entero pudo comprobar como la ingeniería logística estaba muy estudiada para herir el sentimiento y las instituciones comunes. Ni siquiera el duelo por los muertos en los atentados fueron justificación suficiente para la unidad de la ciudadanía y el luto. Que no se engañen, han quedado retratados ante todos y, sinceramente, creo que les ha fallado la estrategia.

Pero ya puestos a decir sandeces y actuar en una obra que adquiere carácter melodramático, ayer dieron otro pasito más al presentar la Ley de Transitoriedad Jurídica. Un verdadero despropósito que ahonda en la división y, para los que seguimos cuerdos, asombra el nivel de irracionalidad que puede alcanzar el ser humano que ha perdido algún nivel de desarrollo evolutivo por el camino.

Me niego a digerir toda la verborrea que llevará implícito el texto. Seguro que al menos complacerá a sus redactores que, en muchas partes de su articulado, seguro son un copia-pega de la Ley de todos (la Constitución española), porque quizás no tengan el nivel suficiente para redactar y saber de lo que hablan, al estar ciegos de odio y envidia.

Sin abrir el panfleto estoy convencido que está inundado de apuntes que hieren la convivencia y sentido común del que hacemos gala, históricamente, los catalanes. Máxime si tenemos en cuenta que la censura controladora de todo lo que va surgiendo, de la mano de los anti-todo de la CUP, seguro que no dejará puntada sin hilo.

Pero ¿no les da vergüenza?. Tienen a más de la mitad de la ciudadanía de Cataluña en contra, a toda España alucinando con tanta hipocresía, a Europa dolida al ver el declive de nuestra sociedad y al mundo perplejo por cómo se usa todo en favor de una causa perdida, aunque sea en momentos en que lo importante era la memoria de los que ya no estaban con nosotros por el terrorismo.

Ahora bien, tampoco obra a favor el silencio y la falta de medidas para contrarrestar todo este despropósito. Ya he manifestado en numerosas ocasiones que la apuesta por esperar hasta el final de los finales, para apagar el puro y tomar decisiones, quizás no sea la mejor de las opciones, pero confiemos en que la tranquilidad y contundencia que se nos vende sea certera y mantengamos la esperanza de que habrá proporcionalidad en la respuesta por parte del Estado de Derecho aplicando la Carta Magna.

No puede quedar en saco roto, ni menos aún servir para sacar más réditos competenciales, el daño infringido por estos secesionistas en un par de generaciones de chavales, abducidos por el rencor y el desapego a sus apellidos y raíces (en la mayoría de casos). Ser gobernante tiene como coste tomar decisiones aplicando la Ley a rajatabla y ya se lleva tiempo pidiendo a gritos que la Educación, como prioridad uno entre varias, sea una competencia exclusiva del estado y dejemos de crear independentistas radicales en todos los ámbitos educativos, afectados por la visión monocromática anclada en el actual poder autonómico.


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