Menos gesticular y más gobernar

El gobernar ha mutado en Cataluña por el continuo desafío a las instituciones comunes de todos los españoles. Mientras el Ayuntamiento de Barcelona se pasa el día dudando sobre si apoyará o no la rebelión separatista, o mientras la conselleria de Interior de la Generalitat solo está interesada en que los Mossos d’Esquadra participen en la organización de la consulta ilegal del 1 de octubre, la delincuencia campa a sus anchas y los conflictos sociales aumentan.

No son solo los ataques de Arran, ni los conflictos sociales que provoca el incivismo de algunos turistas que han provocado protestas de los vecinos en la Barceloneta, ahora es la proliferación de narcopisos en los barrios más degradados de Barcelona. Este último hecho se ha agravado ante la rebelión de vecinos de El Raval ante la ocupación de viviendas por parte de traficantes de drogas para ser utilizadas como “narcopisos” por adictos.

Los gobierno han de gestionar las competencias que tienen encomendadas y preocuparse por el bienestar de los ciudadanos. Si algunos políticos se dedican a desobedecer las leyes democráticas, o a dudar sobre si se han de apuntar a una rebelión contra la Constitución o no, distraen su atención y no resuelven los problemas sociales. Y entonces los problemas crecen.

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