El pasado día 1 de enero Shamsud Din-Jabbar fue abatido por la policía de Nueva Orleans (Florida), después de protagonizar un atropello múltiple a personas que festejaban la llegada del Año Nuevo. Entre sus víctimas, un exjugador de fútbol americano, una madre soltera que deja huérfano a un niño de 4 años, un estudiante de 18, un joven padre de dos niños… y así hasta llegar a la cifra de 15 asesinados.
No deja de sorprendernos, el saber que el terrorista había nacido en los EE.UU. Casado y con dos hijos, Shamsud había recibido una beca de estudios y estaba titulado por la Universidad estatal de Georgia. Sirvió a su país en la prestigiosa división 82 aerotransportada. Recientemente trabajaba en Deloitte, cobrando la nada despreciable cifra de 125.000 dólares anuales. Sin embargo y a pesar de todos los beneficios recibidos, Shamsud odiaba a sus conciudadanos.
En Europa el perfil es distinto, aunque existe un común denominador, el odio irracional hacia aquellos que te han acogido. El 22 de enero un afgano, demandante de asilo, apuñaló en Aschaffenburg (Baviera), a varias personas, resultando un hombre y un niño de 2 años, asesinados. Seguro que muchos ciudadanos a la hora de votar en las pasadas elecciones tuvieron presente la frase de la señora Merkel “Wir schaffen das” (Nosotros podemos hacerlo), después de abrir la puerta a 1.000.000 de refugiados.
El 13 de febrero, un atropellamiento masivo en Múnich deja 28 heridos, algunos graves. Autor, un afgano solicitante de asilo. El 16 de febrero en Villach (Austria), un sirio demandante de asilo apuñaló hasta la muerte a un niño de 14 años e hirió a varias personas. Pocos días después la policía ha detenido a un adolescente musulmán, por planear un atentado en una estación de tren. El 22 de febrero en Mulhouse (Francia), un argelino con orden de expulsión asesina a un viandante y hiere a varias personas más.
Es España iniciamos el año con la detención de cuatro menores de origen marroquí, residentes en Elche. Captados por el yihadismo islámico, presuntamente pretendían atentar contra edificios religiosos estas pasadas Navidades. Proyectaban una carnicería.
En estos casos las penas suelen ser inferiores a 5 años de internamiento en un Centro de Menores y hasta 3 años de libertad vigilada. No obstante, es una rareza que las penas excedan el año de privación de libertad, En su caso no estarán más de tres meses encerrados. Gentileza de un buenismo, garantista hasta la náusea.
Una de las abogadas de los detenidos, aducía que el caso es sólo una “chiquillada de niños de 15 años”, a la vez que se quejaba de las filtraciones del sumario. En realidad, su queja es que se hubiera difundido, aunque tímidamente, la noticia. Cosas de la omertá progresista. Delitos de adultos requieren penas de adultos. Porque la defensa de la libertad y la seguridad necesitan leyes justas pero severas, tanto como la democracia requiere de gestores públicos sin complejos e intachables.
Y es en este contexto del colapso de la sanidad pública, de la degradación de la enseñanza, de la inseguridad física y jurídica de los ciudadanos sometidos a una depredación impositiva sistemática, para beneficiar a gente a la que no hemos llamado, ni queremos, ni necesitamos… es cuando debiéramos hacernos esta primera pregunta. ¿Cuánto nos cuesta mantener a asesinos?
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