Los independentistas creen las instituciones deben tratarlos de manera ‘diferente’, lo que significa que han de tener privilegios. Es el mismo cuento de siempre, como cuando los separatistas exigieron – y consiguieron — que el Tribunal de Cuentas se desnaturalizara para que ellos pudieran seguir malversando dinero público a placer.
La clave de la cosmovisión independentista es demostrar en todo momento que son superiores a los demás y que ellos son ciudadanos de primera. Mientras que el resto somos ciudadanos de segunda. El problema de estas actitudes chulescas y casi matonescas del separatismo es cuando los demás las aceptamos.
Cuando bajamos la cerviz y permitimos que los secesionistas se crean superiores y se salgan con la suya estamos alimentando este tipo de actitudes. Cuando actúan así siempre tenemos que plantar cara. Porque los secesionistas aplican la teoría del salchichón: paso a paso, rodaja a rodaja, se van quedando con todo sin que hagamos nada por evitarlo.
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