El actual técnico del Barça, Xavi Hernández, representa a la perfección lo que siempre ha sido el club azulgrana: tiene talento deportivo, de la misma manera que el equipo culé tiene suficientes recursos para rodearse de un buen equipo de jugadores. Nadie le discute ni a Xavi, ni a los barcelonistass, su potencia futbolística.
El problema es su victimismo constante: cuando ganan lo hacen “a pesar de…”. Añadan “la conspiración madridista”, “la persecución de los del pito” (no se rían, este miércoles mismo muchos culés se quejaban de ‘arbitral’ tras el cero a cuatro contra el Madrid en Copa) o “las cloacas del Estado porque España nos odia”. Y si pierden – adivinen –, lo hacen por “la conspiración madridista”, “la persecución de los del pito” o “las cloacas del Estado porque España nos odia”.
El Barça pagó durante 22 años al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, dando unas explicaciones poco satisfactorias sobre sus funciones, pero la culpa de la situación es una especie de complot de «poderes ocultos». Esta actitud es la misma que tiene el separatismo catalán, no en vano el Barça es su principal arma propagandística a nivel internacional. El independentismo nunca comete errores, siempre es «España» la que conspira en contra de ellos para que todo le salga mal.
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