Una de las grandes virtudes del RCDE Stadium, a pesar de la actitud negativa y obstruccionista del Ayuntamiento socialista de Cornellà, es que estamos en medio de un entorno urbano, no en medio de la nada, y podemos tomarnos una de callos o unas ricas patatas bravas tras un buen partido dominguero.
O comer a doscientos metros del estadio, sin que nos claven, y luego dar un paseito hasta nuestro asiento. O disfrutar de un bien ganado carajillo de Torres 10 pre-partido – o de coñac Brigadier, si les gusta la aventura -. El estar al lado de una población con una tasa tan alta de bares como Cornellà sirve para facilitar la interrelación con sus vecinos para convencerles de la bondad de ser espanyolista.
Pero para convertir a los habitantes de esta localidad a la auténtica fe, la blanquiazul, hemos de demostrar un civismo ejemplar. La gran mayoría de los espanyolistas ya lo ejercemos, a pesar de la actitud municipal para criminalizarnos. Compartamos con nuestros nuevos vecinos una de chocos, unas claritas y unas buenas tertulias sobre fútbol, que es lo que vale la pena. Ya tenemos bastante malos rollos en la vida cotidiana para buscarnos más, ¿no?
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