Docenas de miles de pericos saben lo que es estar en minoría, sea en la escuela, en la universidad, en la oficina, en la mina o en la fábrica. Siempre eres uno entre una masa azulgrana, y siempre has de bregar con las sonrisitas irónicas, o las palmaditas de conmiseración, del resto de la humanidad.
Por suerte, en los últimos años hemos dejado de ser unos apestados, porque hasta hace una década había miles y miles de espanyolistas que no daban la cara y que les daba vergüenza, o directamente escondían, su amor por nuestros colores. Desde Sarrià hasta el RCDE Stadium ha habido varias generaciones de pericos que han forjado el sentimiento perico a base de lucha y mucho amor.
Llevamos unos años sufriendo campañas entre mediocres y desastrosas, pero metemos más de 25.000 aficionados partido tras partido. En Sarrià una entrada así era un entradón. Con una plantilla que a menudo no está a nivel de la afición. Sufriendo decepción tras decepción. Pero vivitos y coleando, y luchando, porque somos cojonudos. Si no lo decimos nosotros, no lo dirá nadie, así que me quedo a gusto. Hemos de abrir incontables frentes de lucha para impedir que el pensamiento único deportivo avance.
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