La intolerancia de los sectores radicales separatistas vuelve a golpear la convivencia en el País Vasco. Un ciudadano que simplemente celebraba los éxitos de la Selección española de fútbol ha terminado convertido en el blanco de la violencia ideológica en Vitoria. Los hechos ocurrieron de madrugada en el barrio vitoriano de Aranbizkarra, coincidiendo con el partido del Mundial 2026 que enfrentaba a España contra Uruguay. La fiesta del deporte se tornó en pesadilla para un joven que lucía con orgullo la elástica nacional.
Tres individuos de 22, 30 y 32 años presuntamente arrinconaron a la víctima aprovechando las fiestas patronales de la zona. Rodeado y bajo severas amenazas de violencia física, el aficionado fue obligado a despojarse por la fuerza de su camiseta de la Selección. Tras el incidente, la rápida llamada de la víctima permitió la intervención de la Ertzaintza en el lugar de los hechos. Los agentes autonómicos lograron identificar plenamente a los tres agresores, quienes ya han sido imputados formalmente por un presunto delito de odio.
Este lamentable episodio demuestra que portar los símbolos nacionales sigue siendo una actividad de alto riesgo en determinados rincones de España. La criminalización de lo español es el resultado de años de impunidad para los discursos más extremistas. Mientras el país entero se vuelca de forma sana con el equipo que dirige Luis de la Fuente, una minoría radical insiste en imponer su agenda mediante el miedo. Resulta inadmisible que la libertad individual se vea coartada por el simple hecho de llevar unos colores deportivos.
Los delitos de odio no pueden medirse con un doble rasero ideológico según convenga al relato del Ejecutivo central. Cuando la víctima es un ciudadano que ejerce su derecho a sentirse español, el silencio institucional de la izquierda suele ser ensordecedor. La Ertzaintza ha actuado con la profesionalidad que se le exige a las fuerzas de seguridad en el mantenimiento del orden público. Sin embargo, la solución no pasa solo por la respuesta policial, sino por una firme defensa de la pluralidad en las calles vascas.
La Justicia debe actuar ahora con la máxima contundencia frente a estos tres imputados para enviar un mensaje nítido a la sociedad. Ninguna camiseta, ninguna bandera constitucional y ningún sentimiento de pertenencia a España pueden volver a ser motivo de persecución y agresión.
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