Quiero un Espanyol libre de ataduras políticas. Si a algunos les gustan las esteladas blanquiazules y las lucen con orgullo, a mí me gusta la blanquiazul sin más significado ni más simbología. Si a algunos radicales les gusta que el RCDE sea algo “más” que un club, yo defiendo que solo sea un club deportivo. Curiosamente, cuanto más esteladas llevan, más se quejan que otros llevan la rojigualda, como si ellos tuvieran derecho de pernada.
Y si a nuestros soberanistas les gusta un Espanyol con una sola alma, la catalana, a mí me gusta con dos, que se exprese en catalán y castellano. Que le vamos a hacer si soy un mal bicho, un mal perico, un mal catalán y tengo mala leche. Por mucho que los partidarios de la estelada blanquiazul y los suyos sigan con su raca-raca tenemos que decirles que no, que el club no es suyo y que nos dejen en paz.
Por eso no me gusta que el Espanyol apoye los ‘Correllenguas’, las campañas de Òmnium Cultural ni la oficialidad de las selecciones catalanas – todo esto lo hemos hecho como club -. El Espanyol no es solo de los soberanistas, y eso del doble rasero que el club felicite la Diada, pero no el 12 de octubre, comienza a ser cansino. El club ha de ser neutral, no partidista, y desde hace años a nuestros dirigentes se les ve demasiado el plumero y siempre tiran hacia el mismo lado, el soberanista catalán.
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