El viaje del Papa León XIV a España ha concluido con un respaldo multitudinario que ha desbordado todas las previsiones oficiales. Frente a los intentos de instrumentalización política y el boicot de los sectores más radicales, la ciudadanía ha respondido con un afecto masivo. La presencia del Pontífice ha dejado en evidencia la incapacidad del Gobierno y del separatismo para imponer sus respectivas agendas ideológicas.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez intentó desde el primer momento moldear la visita para su propio beneficio propagandístico. Moncloa pretendía utilizar la figura del Santo Padre como un aval implícito a sus controvertidas políticas de pactos y concesiones. Sin embargo, el diseño de un relato a medida de los intereses de la izquierda naufragó ante la firmeza de un Papa que centró sus mensajes en la trascendencia, la concordia y el respeto a la verdad, alejándose por completo del guion que le tenían preparado en Madrid.
Por su parte, el separatismo catalán desplegó su habitual manual de agitación para intentar reventar la estancia del Obispo de Roma en Barcelona. Plataformas radicales incitaron activamente al boicot, promoviendo pitadas y exigiendo la exhibición masiva de banderas esteladas en los actos litúrgicos. El separatismo volvió a demostrar su alergia a cualquier acontecimiento de dimensión universal que no consiga asimilar o someter a su monocultivo identitario.
El momento de mayor tensión se vivió en el interior de la Sagrada Familia, donde un reducido grupo de cantantes del coro intentó politizar la ceremonia mostrando simbología secesionista. La rápida y discreta intervención de los servicios de seguridad del templo neutralizó una provocación que buscaba empañar una liturgia solemne ante las televisiones de todo el mundo. Este burdo intento de instrumentalizar un espacio sagrado acabó volviéndose en contra de sus propios autores, retratados en su falta de respeto y su desesperación.
Pese a las zancadillas gubernamentales y la hostilidad callejera de los de siempre, el balance final de la visita es incontestable. La España real, ajena a los delirios de ingeniería social de la izquierda y al victimismo del nacionalismo catalán, se volcó de manera ejemplar con León XIV. Al final, las calles llenas y el fervor popular sepultaron el ruido político, consagrando el viaje como un triunfo moral indiscutible para la Iglesia y para la inmensa mayoría de los españoles.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















