
El PP fue el partido más votado con 137 escaños, en las pasadas elecciones del 23-J, por los 121 obtenidos por el PSOE. Pero, lo tristemente cierto es que con los 33 escaños de VOX, el escaño de UPN y el de CCa no alcanzan la mayoría absoluta necesaria para conformar un hipotético Gobierno presidido por Feijóo cosa que hasta el mismo día de las elecciones se daba por segura.
El PP, jaleado por los medios de comunicación afines, iba de sobrado y fantaseaba con sacar una gran mayoría y hasta con la mayoría absoluta: se lo repetían cada día sus sesudos “analistas” y “expertos electorales”. Pero, al final, se tuvo que conformar con tener que “celebrar” una amarga victoria.
Yo, desde el mismo día de la convocatoria electoral, defendí en diversos foros, sin ningún éxito, que en algunas circunscripciones electorales como Lérida, Gerona y Tarragona el centro-derecha debería concurrir con una única candidatura para asegurar los escaños. Lo cierto es que, según mi opinión, en una campaña electoral no exenta de errores, el PP se puso a blanquear al PSOE (bueno) y al PNV; mientras no paraba de ningunear y hacerle ascos a VOX (que también cometió errores), el socio al que necesitaría luego para gobernar y del que esperaban se sometiera, sin más, a los intereses del PP, lo que generó una dinámica negativa en la derecha; cosa que no hicieron, ni mucho menos, entre PSOE y Sumar (con su amalgama de partidos) que ofrecieron siempre una dinámica positiva de colaboración entre ellos (basta recordar el último debate electoral al que no quiso acudir Feijóo, donde Pedro Sánchez y Yolanda Díaz no pararon de tirarse flores).
A pesar de que PP y VOX sumaban 169 escaños y PSOE y Sumar sólo 152, produciéndose en la práctica una situación de un posible bloqueo, la izquierda no ha querido asumir su derrota y desde la misma noche electoral juntó a todos los medios de comunicación afines no paraban de repetir que había ganado el bloque “progresista”. Estaban pensando en replicar, a costa de las cesiones que hicieran falta, el bloque “Frankenstein” con esa amalgama de variopintos partidos (o tal vez no tan variopintos): socialistas, comunistas, separatistas y filoterroristas.
Cosa que pudieron exhibir en el pleno del pasado jueves con el espectáculo de la constitución de la Mesa del Congreso, eligiendo como presidenta del mismo a la socialista y pancatalanista Francina Armengol. Sí, esa “progresista” que se iba de juerga durante el confinamiento y ocultaba los casos de abusos a menores custodiados por el Gobierno que ella presidia en Baleares. Por otro lado, en esa infausta sesión del Congreso, el PP, una vez conocedor de que los socialistas habían conseguido apoyos suficientes, decidió romper su acuerdo con Vox de cederle un puesto en la Mesa y así Vox que era la tercera fuerza quedaba fuera de la Mesa, mientras Sumar tenía su puesto.
Abascal se sintió nuevamente humillado por el PP y por su actitud un tanto chantajista y dio instrucciones de votar a su propio candidato y no a Cuca Gamarra la candidata del PP. Con lo cual, por si faltaba algo, el espacio liberal-conservador, en vez de dar una imagen de unidad, aparecía dividido, con lo cual se robustecía el pacto “Frankenstein”. Y así pudimos escuchar como desde la izquierda, con una actitud falsaría y matonil, volvían a repetir, por activa y por pasiva, como un mantra lo del triunfo del bloque “progresista” y lo del fracaso del reaccionario y malvado bloque de la «extrema derecha» y la «derecha extrema».
Pero vayamos a los integrantes del presunto bloque “progresista”. Aunque habría que definir que significa el término “progresismo” y veríamos como tiene mucho de mito. No hay partidos más reaccionarios, clasistas y xenófobos que los nacionalistas. Me gustaría recordar como durante los últimos 40 años, el “progresista” nacionalismo catalán con el siniestro clan de los Pujol a la cabeza nos han estado robando a manos llenas y lo han hecho con total impunidad, apelando a la patria, envolviéndose en la estelada. Se han dedicado a adoctrinar a imponer el catalán a machamartillo y con sus ingentes medios han ido imponiendo su ideología totalitaria.
Y como con el prófugo Puigdemont y el indultado Junqueras a la cabeza, junto a los “cupaires” y los CDR, se tiraron todos al monte, con su referéndum ilegal y su fallido golpe de Estado de octubre de 2017, que tan gravemente ha dividido y enfrentado a los ciudadanos. Por no hablar de como la doctrina “progresista” del nacionalismo catalán ha estado, desde sus orígenes, fuertemente impregnadas por el racismo y la xenofobia, desde el doctor B. Robert, Prat de la Riba, Pompeu Gener, Valentí Almirall, Daniel Cardona, … hasta Jordi Pujol, Heribert Barrera, Quim Torra, Oriol Junqueras, Marta Ferrusola o Nuria de Gispert, entre otros muchos. En el fondo, todos vienen a decir lo mismo: «Somos mejores que vosotros y por eso queremos irnos».
Hace unos años, en pleno “Procés”, el emblemático diario izquierdista francés “Liberation” publicaba un largo artículo titulado “L’avenir de l’Europe se joue (à nouveau) en Catalogne”, en el mismo se decía que frente a la narrativa hábilmente desplegada por el separatismo catalán en la que se intenta presentar como “un movimiento democrático, europeo y culturalmente abierto, en realidad nos encontramos con todos los clichés del nacionalismo más obtuso, teñido de racismo, desprecio de clase y supremacismo cultural”. Más claro, agua.
Y que decir del “progresista” PNV, ese partido fundado por Sabino Arana, un racista irredento y un “etnicista” beligerante, creador de un totalitario y burdo ideario antiliberal y antidemocrático quien era partidario del uso de la violencia para imponer sus ideas. Como harían luego los “progresistas” terroristas y asesinos de ETA, organización que se creó a partir de una escisión de las juventudes del PNV. Podríamos recordar también las invocaciones de Arzalluz (el gran gurú del PNV) al Rh negativo de los vascos y del exterrorista Otegi a los “héroes del comando Biskaia”. Otegi como saben es el líder de Bildu, partido que no duda en poner en sus listas a exetarras, no arrepentidos, que tienen sus manos manchadas de sangre.
Y sobre el “progresista” nacionalismo gallego, hoy representado especialmente por el BNG, les recomiendo los trabajos del filósofo Pedro Insua, donde el autor repasa textos de los fundadores del nacionalismo gallego que contienen (como sus homólogos catalanes y vascos) ideas claramente supremacistas.
En fin, todos enemigos declarados de España. Menudos “progresistas”, todos ellos.
Y luego, brevemente, tenemos a los socialistas de Sánchez y los comunistas de Yolanda Díaz y sus satélites. Esos «progresistas” que desde su prepotencia y una pretendida superioridad moral, han vuelto al “guerracivilismo” y han tomado como referente no a J. Besteiro sino a Largo Caballero y el violento Frente Popular de la II República y se sienten como entonces los únicos legitimados para gobernar. Pedro Sánchez (que ha acreditado ser un mentiroso patológico) y sus socios, en realidad salvo medidas “populistas” que han dejado la deuda de nuestro país en un nuevo récord histórico; y leyes como la de “sólo sí es sí”, que ha dejado a más de un millar de violadores en la calle; o la totalitaria Ley de Memoria Democrática que pretende imponer el falsario relato de la izquierda y los separatistas, y otras similares.
Pedro Sánchez aprovechó la pandemia del Covid-19 para decretar en realidad medidas políticas que cercenaban claramente la libertad y vulneraron la Constitución. Y que ante la grave sequía de nuestro país se dedica a demoler presas y ante los graves problemas energéticos, se dedica a cerrar centrales nucleares o centrales térmicas como la de As Pontes, … En realidad, el Gobierno de Sánchez siempre ha tenido muy poco que ofrecer, pero con su desmedida ansia de poder, no ha tenido el más mínimo problema en aliarse y pactar con la extrema izquierda, separatistas y filoetarras, es decir con todos aquellos que quieren destruir España. Con ello lo están poniendo todo patas arriba y están llevando al desmembramiento y el hundimiento de nuestro país. Ese es su “progresismo”.
España, con la más que probable reedición de un gobierno “Frankenstein”, se enfrentará a una situación dramática pues, está en grave riesgo la unidad nacional, la libertad y la democracia. Y aunque, visto lo visto en estas últimas elecciones, una parte importante de los ciudadanos, o no se entera o parece traerle al pairo con quien pacte o se apoye el PSOE; A mí, aplicado ahora a Pedro Sánchez se me ha venido a la cabeza lo que le dijo la madre de Joseba Pagazaurtundúa (socialista y policía local asesinado por ETA en el año 2003) en referencia a Patxi López (entonces secretario general del PSE) cuando el PSE empezó a negociar abiertamente con ETA: «Patxi, dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre». En fin, el panorama no puede ser más sombrío, sólo nos cabe esperar, que tanto el PP como VOX tomen buena nota de lo sucedido y por altura de miras, sepan reaccionar y plantar cara unidos a esta situación. De lo contrario ¡Que Dios nos coja confesados!
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